El Sueño Americano

Cuando empezaba mi carrera, trabajé como asesora de estudiantes y consultora de reclutamiento para universidades. Muchos de los jóvenes con los que trabajaba eran indocumentados, entre ellos un joven con aspiraciones universitarias al que todos consideraban un estudiante modelo por sus logros académicos y dedicación. Se esforzaba al máximo en todo, y hoy en día es un científico experto en el medio ambiente. Tiene un trabajo gratificante, interesante y bien remunerado. Y está haciendo un aporte singular a nuestro país y al mundo.

Comprendía el privilegio que es vivir en un país que le permitía obtener una buena educación. Es precisamente por eso que escogió devolver el favor como funcionario público. Es su manera de demostrar su profunda gratitud.

Pienso en él cada vez que hablo sobre la Ley DREAM, una propuesta legislativa que tiene como propósito dejar de castigar a jóvenes inocentes por los actos de sus padres, al darles la oportunidad de obtener estatus legal, ya sea, con estudios universitarios o el servicio militar.

La Ley DREAM cuenta con apoyo de miembros de ambos partidos desde hace tiempo. Y así fue durante la votación de la Cámara de Representantes esta semana, cuando ocho republicanos votaron a favor de la aprobación de la medida.

No hay motivo por el cual no reciba el mismo tipo de respaldo del Senado. Es hora de tomar una decisión. Ahora mismo.

La Ley DREAM les da una oportunidad a estudiantes que se encuentran entre los más brillantes del país. Elimina las barreras a la educación superior que a menudo resultan en una alta tasa de abandono de la secundaria. Ofrece sólidos incentivos para continuar los estudios… y graduarse.  El punto es que a los trabajadores con más educación les va mucho mejor que a los que no la tienen.

El Presidente es un firme partidario de la Ley DREAM desde hace tiempo y cuando era senador, fue uno de los legisladores que la sometió a consideración. Yo fui una partidaria entusiasta cuando era congresista. Y como la secretaria de Trabajo  (más conocida como “la asesora laboral de Estados Unidos”) veo motivos económicos importantes para que se apruebe. He escrito muchas cartas y hecho varias llamadas a miembros clave del Congreso, instándolos a hacer lo correcto y aprobar esta medida. Me he pronunciado con respecto a esta propuesta, tanto en inglés como en español, en entrevistas de radio, televisión y medios impresos con llegada a todo el país.

Ya que tengo el orgullo de ser hija de inmigrantes, este asunto es muy personal para mí. Pero no soy la única miembro del gabinete que respalda la Ley DREAM. 

Mis colegas también la apoyan por buen motivo:

  • El secretario de Defensa Robert Gates ha mencionado el gran precedente de personas no ciudadanas  en las Fuerzas Armadas;
  • El secretario de Educación Arne Duncan considera que la Ley DREAM desempeñará un papel importante en los esfuerzos del país por tener la mayor proporción de egresados universitarios del mundo para el 2020;
  • La secretaria de Seguridad Nacional Janet Napolitano ha declarado que la aprobación de la Ley DREAM liberaría recursos para que su departamento se dedique plenamente a velar por el cumplimiento de la ley y detener y deportar a criminales y quienes representan una amenaza para nuestro país.
  • Y el secretario de Comercio Gary Locke ha mencionado que en los últimos 15 años, 25% de las empresas respaldadas por capital de riesgo que llegaron a cotizarse en el mercado fueron iniciadas por inmigrantes, lo que es indicativo del potencial desaprovechado de más de 700,000 jóvenes en el “limbo de ciudadanía”.

En resumen: la Ley DREAM le daría solidez a nuestra economía y fuerza laboral. Reforzaría nuestra defensa nacional y seguridad nacional. Es hora de hacer realidad este sueño.

Hilda Solís es la secretaria de Trabajo 

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