La Ley DREAM y el Comercio en Estados Unidos

Todos los días, cientos de miles de estadounidenses se levantan y van a trabajar en empresas establecidas como Pfizer, DuPont, Google, Procter & Gamble e Intel.

Se trata de compañías muy diferentes que operan en diversos sectores, pero que tienen por lo menos algo en común.

Todas ellas fueron iniciadas por inmigrantes.

No es coincidencia. La llegada constante de nuevas culturas, nuevas ideas y nuevas maneras de enfrentar viejos problemas es una de las grandes razones por las que Estados Unidos ha sido la economía más dinámica del mundo durante bastante más de un siglo.   

Pero los inmigrantes no lo hacen por sí solos, no obstante sus muchos aportes. Estados Unidos trata de proporcionarles a los inmigrantes que crecen aquí una educación de primera e infunde en ellos la actitud positiva que desde hace tiempo es característica de la innovación estadounidense.

Desafortunadamente, Estados Unidos no ha obtenido todos los beneficios de su inversión. Todos los años, para aproximadamente 65,000 estudiantes de secundaria –muchos de ellos estudiantes sobresalientes y líderes en sus comunidades– es imposible cursar estudios universitarios u obtener un buen empleo porque carecen de estatus legal. 

Estos jóvenes que fueron traídos a Estados Unidos de niños, pueden ser nuestros futuros científicos, médicos, líderes militares y empresarios. El futuro económico de Estados Unidos depende de darles a estos muchachos la oportunidad de superarse y tener éxito. La semana pasada, ocho republicanos votaron junto con los demócratas en la Cámara de Representantes y aprobaron la Ley DREAM. Hoy, hago un llamado al Senado para que actúe de la misma manera bipartidista y apruebe la Ley DREAM.

Consideren el hecho que durante los últimos 15 años, 25 por ciento de las empresas respaldadas por capital de riesgo que llegaron a cotizarse en la bolsa fueron iniciadas por inmigrantes. Imagínense lo que sucedería si aprovecháramos el pleno potencial de más de 700,000 jóvenes que están atrapados en este limbo de ciudadanía. ¡Cuánto más podríamos inventar, crear o iniciar!

Incluso entre los inmigrantes que no se convertirán en el próximo Sergey Brin o Andy Grove, los aportes que podrían hacer a nuestra economía serían inmensurables.

Darles a estos muchachos la oportunidad de ir a la universidad o prestar servicio militar les permitiría ganar sueldos más altos y pasar a ocupaciones mejor remuneradas, lo que generaría más ingresos fiscales para financiar escuelas, parques y carreteras en las comunidades en que viven. De hecho, la Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que la Ley DREAM generaría ingresos de $1,700 millones para el gobierno y reduciría el déficit en $2,200 millones durante la próxima década.

Muchos de estos inmigrantes han pasado años en las escuelas primarias y secundarias de Estados Unidos financiadas por el gobierno, y si el Congreso no aprueba la Ley DREAM, perderemos dicha inversión, ya que muchos de nuestros estudiantes de más talento se verán forzados a salir del país o aceptar empleos que no les permitirán alcanzar su máximo potencial.  

Durante muchas generaciones, ha llegado gente a las costas de Estados Unidos en busca de oportunidades. Eso es lo que hizo mi abuelo hace un siglo, cuando vino a Seattle, y trabajó como criado apenas a una milla de la mansión del gobernador del estado de Washington en la que yo tuve el privilegio de residir durante ocho años.

La aprobación de la Ley DREAM les daría a estos muchachos la oportunidad que merecen de ir en pos de sus sueños y tener un verdadero impacto en sus comunidades. Insto al Senado a que apruebe la medida de inmediato.

Gary Locke es el secretario de Comercio
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