Convirtiéndonos en una unión más perfecta

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Mientras reflexionamos sobre el 50 aniversario de la Marcha en Washington, se ha hablado mucho sobre lo que ha cambiado en 50 años, y lo que no ha cambiado lo suficiente. Así como nos lo recordó el Congresista John Lewis, tanto en la Marcha de 1963 como en la de 2013, tenemos trabajo por hacer en materia de los derechos al voto, puestos de trabajo e igualdad de oportunidades en este país.

El Congresista tiene razón en cuanto a eso y también en cuanto a algo más: dedicó parte de su breve discurso para llamar la atención a la necesidad de aprobar una medida de reforma de migración, para "traer [a los inmigrantes] a la luz y encaminarlos hacia la ciudadanía".

Al pronunciar estas poderosas palabras, coloca al tema de la migración de lleno dentro del marco de los derechos civiles, que es precisamente donde se encontraba hace 50 años, cuando el Congreso emprendió una serie de propuestas de derechos civiles bajo el liderazgo del Presidente Johnson: la Ley de Derechos Civiles de 1964, la Ley de Derechos al Voto de 1965 y la Ley de Inmigración y Nacionalidad de 1965. Esta última ley cambió drásticamente la forma en que se admitían a los inmigrantes a Estados Unidos, enmendando una política que asignaba visas de acuerdo a los conceptos de superioridad racial. Sí, lo han oído bien: durante la mayor parte del siglo XX, nuestras leyes de migración estuvieron basadas en el concepto "racial" de que algunos europeos eran superiores a otros. Reflexione lo que eso significó para el resto de nosotros.

Como lo indicó el Presidente Johnson al firmar la ley, conforme al sistema antiguo, "...solamente a tres países se les permitía proveer el 70 por ciento de todos los inmigrantes. Se separaron a las familias porque el esposo, o la esposa o un niño había nacido en el lugar equivocado. Se les negaba el ingreso a hombres con aptitudes y talentos que se necesitaban debido a que provenían de Europa del Este o del Sur o de uno de los continentes en desarrollo".  Firmar ese proyecto de ley para convertirlo en ley en ese entonces se consideró, correctamente, como uno de los grandes logros para los derechos civiles en Estados Unidos.

En ese entonces al igual que ahora, la reforma migratoria era una cuestión de restaurar la equidad fundamental a un sistema obsoleto y que ya no funcionaba.

En ese entonces al igual que ahora, se trataba de reunir a las familias, de crear una vía para la gente con las aptitudes que se necesitaban y de asegurar que todos sigan las mismas reglas del juego.

En ese entonces al igual que ahora, se trataba de realizar la ardua labor para asegurarnos de que nuestro país avance en su camino hacia convertirse en una unión más perfecta.

Y en ese entonces al igual que ahora, contó con apoyo bipartidista incluso cuando se enfrentaba a los obstáculos por parte de personajes políticos que están haciendo todo lo que pueden para interponerse en el camino del progreso.

Y del mismo modo que con el trabajo que tenemos por hacer en materia de los derechos al voto, puestos de trabajo e igualdad de oportunidades, no podemos dejar que estos detractores nos disuadan. El valor de mirar hacia atrás es que nos inspira para seguir el camino hacia adelante, y nos recuerda que debemos rendir homenaje a los sacrificios de aquellos que allanaron el camino a donde nos encontramos ahora. Si tomo algún mensaje de las resonantes palabras del Congresista Lewis, es que todos vivimos en la misma casa, y que hemos llegado demasiado lejos como para rendirnos ahora. ¡Adelante. O Juntos, Sí Se Puede!

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Cecilia Muñoz es Directora del Consejo de Política Doméstica

 

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