THE WHITE HOUSE

Oficina del Secretario de Prensa

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Para Publicación Inmediata                       2 de mayo, 2012

DECLARACIONES DEL PRESIDENTE

EN DISCURSO A LA NACIÓN

Base Aérea Bagram, Afganistán

4:01 A.M. AFT

EL PRESIDENTE: Buenas tardes desde la Base aérea Bagram. Este puesto de vigilancia queda a más de siete mil millas de casa pero, durante más de una década, ha estado cerca de nuestros corazones.  Porque aquí en Afganistán, más de medio millón de nuestros hijos e hijas se han sacrificado por proteger nuestro país.

En el día de hoy, firmé un acuerdo histórico entre los Estados Unidos y Afganistán que define una nueva clase de relación entre nuestros países; un futuro en el que los afganos sean responsables de la seguridad de su nación, y nosotros construimos una alianza a partes iguales entre dos estados soberanos; un futuro en el que la guerra toca a su fin y comienza un nuevo capítulo.

Esta noche, quiero hablarles sobre esta transición.  Pero, primero, recordemos por qué vinimos aquí.  Fue aquí, en Afganistán, donde Osama bin Laden estableció un refugio seguro para su organización terrorista.  Fue aquí, en Afganistán, donde al Qaeda trajo a nuevos reclutas, los entrenó, y planificó actos de terror.  Fue aquí, desde dentro de estas fronteras, que al Qaeda lanzó los ataques que asesinaron a cerca de 3,000 hombres, mujeres y niños inocentes.

Así es que, hace diez años, los Estados Unidos y nuestros aliados fuimos a la guerra para cerciorarnos de que al Qaeda no pudiera usar nunca más este país para lanzar sus ataques contra nosotros.  A pesar del éxito inicial logrado, por varios motivos, esta guerra ha tomado mucho más tiempo de lo que la gran mayoría anticipaba.  En 2002, bin Laden y sus lugartenientes se escaparon a través de la frontera y establecieron refugios seguros en Pakistán.  EE.UU. pasó casi ocho años luchando una guerra diferente en Irak.  Y los aliados extremistas de al Qaeda dentro del Talibán han llevado a cabo una insurrección brutal.

Sin embargo, durante los últimos tres años, la situación dio un giro.  Pudimos derribar el impulso del Talibán.  Hemos establecido fuerzas de seguridad afganas sólidas.  Hemos devastado el liderazgo de al Qaeda, eliminando a más de 20 de sus 30 líderes principales.  Y, hace justamente un año, desde una base aquí en Afganistán, nuestras tropas lanzaron la operación que le quitó la vida a Osama bin Laden. La meta que yo establecí, que era vencer a al Qaeda, e impedirle la oportunidad de reconstruir, está al alcance.

No obstante, habrá días difíciles por venir.  Los sacrificios tan inmensos de nuestros hombres y mujeres no han terminado.  Pero, esta noche, quiero decirles cómo completaremos nuestra misión y le pondremos fin a la guerra en Afganistán.

Primero, hemos comenzado una transición a la responsabilidad de los afganos por su seguridad.  Ya casi la mitad del pueblo afgano vive en lugares en que las fuerzas de seguridad afganas están pasando a ser los líderes.  Este mes, en una Cumbre de la OTAN en Chicago, nuestra coalición establecerá una meta de que las fuerzas afganas sean quienes lideren las operaciones de combate en todo el país el próximo año.  Las tropas internacionales continuarán entrenando, asesorando y ayudando a los afganos, y lucharán junto con ellos cuando sea necesario.  Pero pasaremos a una función de apoyo a medida que los afganos asuman el control.

A medida que lo hagamos, nuestras tropas regresarán a casa.  El año pasado, sacamos 10,000 tropas de EE.UU. de Afganistán.  Otras 23,000 saldrán de allí para fines del verano.  Después de eso, las reducciones continuarán a un ritmo continuo, para que más de nuestras tropas regresen a casa.  Y, tal como acordó nuestra coalición, para finales de 2014, los afganos serán completamente responsables de la seguridad de su país.

Segundo, estamos entrenando a las fuerzas de seguridad afganas para que logren esta tarea.  Esas fuerzas han crecido y llegarán a un número de 352,000 este año. Los afganos mantendrán ese nivel durante tres años, y entonces reducirán el tamaño de su fuerza militar.  Y en Chicago, endosaremos una propuesta de apoyar a una fuerza afgana fuerte y sostenible a largo plazo.

Tercero, estamos construyendo una alianza perdurable.  El acuerdo que firmamos hoy le envía un mensaje claro al pueblo afgano: según ustedes se defienden, no lo harán solos.  Esto establece la base de nuestra cooperación durante la próxima década, incluyendo los compromisos compartidos a combatir el terrorismo y fortalecer las instituciones democráticas.  Éste apoya los esfuerzos afganos para promover el desarrollo y la dignidad de su pueblo.  También incluye los compromisos de los afganos a la transparencia y la responsabilidad, y a proteger los derechos humanos de todos los afganos, tanto hombres como mujeres, niños y niñas.

Dentro de este marco de referencia, colaboraremos con los afganos para determinar qué apoyo necesitan ellos para lograr dos misiones precisas de seguridad más allá de 2014: el contraterrorismo y el entrenamiento sostenido. Sin embargo, nosotros no construiremos bases permanentes en este país, ni tampoco patrullaremos sus ciudades y montañas. Eso será obligación del pueblo afgano.

Cuarto, estamos buscando conseguir una paz negociada.  En coordinación con el gobierno afgano, mi Administración ha estado sostenido discusiones directas con el Talibán.  Hemos dejado claro que ellos pueden ser parte de este futuro si rompen su relación con al Qaeda, abandonan la violencia y se rigen por las leyes afganas.  Muchos miembros del Talibán, desde los soldados de infantería hasta los líderes, han mostrado un interés en la reconciliación.  Ellos tienen ahora ante ellos un camino para lograr la paz.  Los que se nieguen a seguir ese camino, tendrán que enfrentarse a fuerzas de seguridad afganas fuertes, respaldadas por los Estados Unidos y nuestros aliados.

Quinto, estamos creando un consenso global para apoyar la paz y la estabilidad en Asia del Sur.  En Chicago, la comunidad internacional expresará apoyo a este plan, así como al futuro de Afganistán.  Yo se lo he expresado claramente al vecino de Afganistán, que es Pakistán, que éste puede y debe ser un aliado a partes iguales en este proceso de una forma que respete la soberanía de Pakistán, sus intereses y sus instituciones democráticas.  En pos de una paz perdurable, EE.UU. no tiene otros planes que vayan más allá del final de los refugios seguros de al Qaeda, y respeto para la soberanía afgana.

A medida que vamos adelante, cierta gente preguntará por qué necesitamos un cronograma específico.  La respuesta es clara: nuestra meta no es construir un país a la imagen de EE.UU., ni tampoco erradicar hasta el último vestigio del Talibán.  Esos objetivos requerirían muchos más años, muchos más dólares, y muchas más vidas estadounidenses.  Nuestra meta es destruir a al Qaeda, y estamos en un camino firme para hacer precisamente eso.  Los afganos quieren afirmar su soberanía y construir una paz perdurable.  Esto requiere un cronograma específico para ponerle fin a la guerra.

Otros preguntarán por qué no nos marchamos inmediatamente de allí.  Esa respuesta también es clara: tenemos que ofrecerle a Afganistán la oportunidad de estabilizarse.  De lo contrario, nuestros logros podrían perderse, y al Qaeda podría establecerse una vez más.  Y, como Comandante en Jefe, me niego a permitir que eso suceda.

Reconozco que muchos estadounidenses están cansados de la guerra.  Como Presidente, nada es más doloroso que firmar una carta dirigida a una familia de los caídos, o mirar a los ojos a un niño que crecerá sin su padre o su madre.  No mantendré a los estadounidenses en peligro un solo día más de lo que sea absolutamente necesario para nuestra seguridad nacional.  Pero tenemos que terminar la labor que comenzamos en Afganistán, y ponerle fin a esta guerra de una manera responsable.

Mis conciudadanos estadounidenses, hemos viajado durante más de una década bajo la oscura nube de la guerra.  Sin embargo, aquí, en las tinieblas antes del amanecer en Afganistán, podemos ver la luz de un nuevo día en el horizonte.  La guerra en Irak ha terminado.  El número de tropas que está en peligro se ha reducido a la mitad, y muchos más vendrán de regreso a casa muy pronto.  Tenemos un camino específico para cumplir nuestra misión en Afganistán, al tiempo que le imponemos justicia a al Qaeda.

Este futuro tan sólo está a nuestro alcance debido a nuestros hombres y mujeres uniformados.  Una vez y otra, ellos han respondido al llamado a servir en lugares distantes y peligrosos.  En una época en que tantas instituciones no han llegado a las expectativas, estos estadounidenses dieron un magnífico ejemplo.  Cumplieron sus responsabilidades unos con otros, y con la bandera bajo la que sirven.  Me acabo de reunir con algunos de ellos y les dije que, como Comandante en Jefe, no podría estar más orgulloso.  En sus rostros, podemos ver lo mejor de nosotros y de nuestro país.

Nuestros soldados, marineros, pilotos, miembros de la marina de guerra, guardacostas y civiles en Afganistán han cumplido su obligación.  Ahora, tenemos que reunir ese mismo sentido de propósito común. Tenemos que ofrecerles a nuestros veteranos y familias militares el apoyo que ellos merecen, así como las oportunidades que se han ganado.  Y tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para construir una nación que sea digna del sacrificio hecho por ellos. 

A medida que emergemos de una década de conflicto en el extranjero y de crisis económica en casa, es hora de renovar a EE.UU.  Un país en el que nuestros hijos vivan libres de temor, y tengan las habilidades necesarias para lograr sus sueños.  Un país unido de valentía y fuerza, donde la luz del sol brille reflejada en las nuevas torres que se erigen en el bajo Manhattan, y construiremos nuestro futuro como un solo pueblo y una sola nación.

Aquí, en Afganistán, los estadounidenses respondieron al llamado para defender a sus conciudadanos y defender la dignidad humana.  En el día de hoy, recordamos a los caídos y a aquellos que sufren heridas visibles e invisibles.  Sin embargo, a través de los días oscuros hemos sacado fuerza de su ejemplo, y de los ideales que han guiado a nuestra nación y han iluminado al mundo: la creencia de que todos han sido creados de igual manera y que merecen la libertad para determinar su destino.

Ésa es la luz que aun nos guía.  Esta época de guerra comenzó en Afganistán, y es aquí donde tocará a su fin.  Con la fe de los unos en los otros y nuestra vista fija en el futuro, pongámosle fin al trabajo que tenemos por delante, y forjemos una paz justa y duradera.  Que Dios bendiga a nuestras tropas.  Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de Norteamérica.

                        FIN                4:12 A.M. AFT

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