Comentarios del Presidente Barack Obama
Mensaje semanal
La Casa Blanca
Sábado, 4 de agosto, 2012

Hola a todos.  Hoy quiero tomarme un descanso del lleva y trae de la época de campaña y hablar sobre algo que nos ha unido a todos esta semana, que son las Olimpiadas de verano. 

Estos juegos nos recuerdan que, no obstante todas nuestras diferencias, en primer lugar somos estadounidenses.  Y no podríamos sentirnos más orgullosos de los hombres y las mujeres que están representando a nuestro país en Londres, tanto en las Olimpiadas como en las Paralimpiadas.

El fin de semana pasado, Michelle dirigió la delegación americana a Londres y reafirmó la relación tan especial que compartimos con nuestro aliado más fuerte, que es Gran Bretaña.  Se reunió con la Reina, y con Samantha, la esposa del Primer Ministro Cameron.  También pasó cierto tiempo agradeciéndoles a nuestros valientes miembros del servicio y a las familias militares.  Y, desde luego, ella asistió a tantos eventos como le fue posible para darles ánimo a nuestros atletas.

Tengo que admitir que me sentí un poquito envidioso de que ella pudo ir.  Pero, al igual que muchos de ustedes, yo vi en televisión la mayor cantidad de eventos que pude, dando un brinco del sofá al observar una carrera muy reñida, o un salto perfecto.  Vi cuando las magníficas jóvenes de nuestro equipo gimnasta recapturaron la medalla de oro del equipo para EE.UU., y me sentí sumamente orgulloso cuando vi a Gabby Douglas ganar la medalla de oro en todos los niveles, mostrando un increíble aplomo y gracia.  También vi a nuestros nadadores ganar un montón de medallas, y a Michael Phelps convertirse en el atleta olímpico más condecorado de la historia.  Vi a a nuestro equipo de fútbol de mujeres imponerse en la competencia.

Y me siento igualmente orgulloso de todos nuestros atletas en los deportes que no siempre captan tanta atención.  El equipo de ocho mujeres de EE.UU. continuó su dominio de los remos con otra medalla de oro.  Kayla Harrison ganó la primera medalla de oro en judo en la historia de EE.UU., y Marti Malloy ganó una medalla de bronce.  Kim Rhode ha sido la primera estadounidense en ganar medallas individuales en cinco Olimpiadas seguidas con su medalla de oro en el tiro al plato, y su compañero de equipo, el sargento del ejército Vincent Hancock, ganó su segunda medalla de oro en el mismo deporte.

También pensé en los caminos realmente tan difíciles que muchos de nuestros atletas han recorrido.  Algunos han encarado pérdidas personales, o han vencido el cáncer.  Otros han trabajado largos turnos en diversos empleos para poder lograr su sueño olímpico.  Y otros han hecho lo imposible.  Hace menos de cuatro años, Bryshon Nellum fue víctima de disparos a sus piernas en tres ocasiones.  Sin embargo, esta semana, él participará en la carrera de los 400 metros.  Y, cuando era niño, Lopez Lomong huyó de la guerra y la persecución y de una vida de refugiado, pues fue uno de los “Niños perdidos” de Sudán.  Hoy día es estadounidense, y representa a su país en las Olimpiadas por segunda vez.

Así es que no nos debe sorprender que EE.UU. esté apuntando a tener el número mayor de medallas.  Sin embargo, no es solo la cantidad de medallas por si sola lo que nos inspira, ya que la mayoría de nuestros atletas no ganará medalla alguna.  Es la entereza de los hombres y mujeres que compiten por esas medallas.  Es su duro trabajo y sacrificio; las innumerables horas en el gimnasio, en la piscina, en la pista de carrera.  Es su obstinada perseverancia e inflexible determinación, que prevalecen tanto a través de las decepciones como de los triunfos. 

Es ese espíritu indomable, que es el espíritu americano, que afirma que, aunque es posible que tengamos historias muy diferentes que contar; aunque es posible que no nos parezcamos unos a otros ni hablemos de la misma manera ni hayamos recibido las mismas oportunidades en la vida, si trabajamos duro, podemos lograr nuestros sueños.  Podemos llegar si lo intentamos.  Somos un mismo pueblo, con valores e ideales comunes; celebramos la excelencia individual, pero reconocemos que solo juntos podemos lograr cosas grandiosas e importantes que no podemos lograr por sí solos.

Por eso es que somos espectadores.  Por eso vitoreamos.  Por eso es que nos unimos, durante dos semanas en el verano, y nos henchimos de orgullo al ver las cosas increíbles que pueden hacer nuestros compatriotas.

Así es que a todos nuestros atletas olímpicos y paralímpicos: independientemente de si ya participaron en las competencias o están pendientes de participar, su país no podría sentirse más orgulloso de ustedes.  Gracias por presentarle lo mejor de EE.UU. al resto del mundo.  Y gracias por convertirse en nuevos modelos a seguir para nuestros hijos, incluyendo las mías, y por inspirarlos a creer que, si ellos trabajan duro y hacen su mejor esfuerzo, ellos pueden lograr cosas maravillosas también.

Arriba, al Equipo de EE.UU.  Nos sentimos ansiosos de darles la bienvenida a casa.

Que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a EE.UU.

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