THE WHITE HOUSE
Oficina del Secretario de Prensa

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PARA PUBLICACIÓN INMEDIATA
25 de septiembre, 2012

DECLARACIONES DEL PRESIDENTE ANTE INICIATIVA GLOBAL CLINTON

Sheraton New York Hotel and Towers
Ciudad de Nueva York, Nueva York

12:34 P.M. EDT

 EL PRESIDENTE: Muchas gracias. (Aplausos.) Gracias. Lo aprecio. Por favor, por favor, todos tomen asiento.

Bueno, buenas tardes a todos.  Y, Presidente Clinton, gracias por su muy amable presentación.  Aunque tengo que admitir que me gustó mucho más su gran discurso pronunciado hace unas cuantas semanas. (Risas.) Poco después, alguien envió un tuit diciendo que había que hacerlo “Secretario de explicar las cosas”. (Risas.) Aunque no usaran la palabra “cosas.” (Risas.)

Presidente Clinton, eres una voz incansable, y apasionada a favor de lo mejor de nuestro país. Has ayudado a mejorar y salvar las vidas de millones de gente en todo el mundo.  Doy las gracias por tu amistad y por tu extraordinario liderazgo. Y creo que hablo por el país entero en decir que continúas siendo un gran tesoro para todos nosotros. (Aplausos.)

Como siempre, tengo que agradecerle al Presidente Clinton por ser tan comprensible con el número sin precedente de países que visita nuestra Secretaria de Estado. (Risas y aplausos.) Tal como hemos vuelto a presenciar en días recientes, Hillary Clinton es una líder que tiene una verdadera virtud y una gran fortaleza; y creo que la historia mostrará que es una de las mejores Secretarias de Estado en la historia de los Estados Unidos. Así que estamos agradecidos con ella. (Aplausos.)

Al personal dedicado de la Iniciativa Global Clinton (C-G-I, por sus siglas en inglés), y a todas las organizaciones que han hecho compromisos y tocado las vidas de cientos de millones de gente, gracias por ser un ejemplo de lo que necesitamos tener más en el mundo, especialmente en Washington: colaborar unos con otros para realmente solucionar los problemas. 

Y por eso es que estoy aquí.  Como lo mencionó Bill, yo he venido a C-G-I todos los años desde que soy Presidente.  He hablado con ustedes sobre cómo tenemos que sostener la recuperación económica y como necesitamos continuar creando empleos.  He hablado de la importancia del desarrollo; desde la salud global y nuestra lucha contra el VIH/SIDA hasta el crecimiento que eleva a las naciones a la prosperidad. Hemos hablado del desarrollo y que tiene que incluir a las mujeres y a las niñas, debido a que por lo que muestran todas las medidas, los países que educan a sus mujeres y niñas resultan siendo los más exitosos. (Aplausos.)

Y hoy, quiero discutir un asunto que está relacionado con cada uno de estos retos.  Debe importarles a todas las personas, porque es una alteración de nuestra humanidad común.  Debe importarles a todas las comunidades, porque desgarra la fibra social.  Debe importarles a todos los negocios, porque distorsiona los mercados.  Debe importarles a todas las naciones, porque perjudica la salud pública y fomenta la violencia y el crimen organizado.  Me refiero a la injusticia y la indignación de la trata de personas, que tiene que nombrarse por su verdadero nombre: la esclavitud moderna.  (Aplausos.)

No estoy usando la palabra esclavitud a la ligera.  Esta evoca uno de los capítulos más penosos en la historia de nuestra nación.  Sin embargo, alrededor del mundo, no podemos negar esa horrible realidad.  Cuando un hombre, que está desesperado por encontrar trabajo, se encuentra en una fábrica, en un barco de pesca, o en un campo, trabajando, afanándose, por poca o ninguna paga, y se le da una paliza si intenta escaparse, eso es esclavitud.  Cuando una mujer está encerrada en una fábrica que explota a sus obreros, o atrapada en una casa como sirvienta doméstica, sola y víctima de abuso, incapaz de poderse ir, eso es esclavitud.

Cuando a un niño pequeño se le secuestra, se le convierte en soldado infantil y se le obliga a matar o a que se le mate, eso es esclavitud.  Cuando a una niña pequeña su familia sumida en la pobreza la vende -- niñas de las edades de mis hijas -- se escapa de su casa, o se le entusiasma con promesas falsas de una vida mejor, y entonces se le tiene prisionera en un prostíbulo y se le tortura si se resiste; eso es esclavitud.  Eso es esclavitud.  Eso es salvajismo, es algo perverso, y no tiene lugar en un mundo civilizado. (Aplausos.)

Como nación, hemos rechazado esa crueldad durante años.  Hace solo unos días, conmemoramos el 150° aniversario de un documento que yo tengo colgado en la pared de la Oficina Oval, que es la Proclamación de la Emancipación.  Con el adelanto de las fuerzas de la Unión, este hizo nacer un nuevo día: que “todas las personas retenidas como esclavos” serían “a partir de entonces y por siempre libres”.  Nosotros incorporamos esa promesa en la redacción de nuestra Constitución y nos esforzamos grandemente para hacerla realidad.  Nos unimos con otras naciones, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de manera que “la esclavitud y la trata de esclavos habrá de prohibirse en todas sus formas”.

Se inició un movimiento global, con la Ley de Protección de las Víctimas de la Trata de Personas, firmada por el Presidente Clinton y llevada adelante por el Presidente Bush. 

Y aquí en C-G-I, ustedes han hecho compromisos impresionantes en esta lucha.  Y nos sentimos particularmente honrados en el día de hoy de compartir con defensores que dedican sus vidas y, a veces, arriesgan sus vidas, para liberar a las víctimas y ayudarlas a recuperarse. Esto incluye a hombres y mujeres de fe, quienes, al igual que los abolicionistas que los precedieron, están realmente haciendo la labor del Señor: tales como los evangélicos y la Iglesia Católica; la Misión Internacional de Justicia y Alivio Mundial; e incluso congregaciones individuales, tales como la iglesia Passion City en Atlanta.  Y tanta gente joven de fe que ha tomado la decisión de que su conciencia la obliga a actuar ante la injusticia.  Los grupos como estos están respondiendo al llamado de la Biblia: “buscar la justicia” y “rescatar a los oprimidos”.  Algunos de ellos están aquí con nosotros hoy, y estamos muy agradecidos por su liderazgo.

Como Presidente, yo he dejado claro que los Estados Unidos continuarán siendo un líder en este movimiento.  Tenemos una estrategia general.  Estamos llevando una fuerte luz a los rincones oscuros donde esto persiste.  Bajo el liderazgo de Hillary, estamos haciendo más que nunca, con nuestro informe anual sobre la trata de personas, con nuevos programas de ayuda y alianzas, para ofrecerles incentivos a los países para que cumplan sus responsabilidades y denunciarlos cuando no las cumplan. 

Recientemente, yo renové las sanciones para los peores casos de abuso, incluyendo a Corea del Norte y Eritrea.  Estamos estableciendo alianzas con grupos que ayudan a las mujeres y a los niños a escaparse del yugo de sus abusadores.  Estamos ayudando a otros países a redoblar sus propios esfuerzos.  Y estamos viendo resultados.  Más naciones han aprobado y están haciendo cumplir leyes modernas contra la trata de personas. 

La semana pasada, me sentí orgulloso de recibir en la Oficina Oval no solo a una admirable defensora de la democracia, sino a una feroz paladín contra el uso del trabajo forzado y los soldados infantiles, que es Aung San Suu Kyi. (Aplausos.) Y como parte de nuestra colaboración, exhortaremos a Burma a continuar tomando medidas para reformar.  Porque las naciones tienen que hablar con una sola voz: nuestra gente y nuestros hijos no están a la venta.

Sin embargo, a pesar del progreso que se ha logrado, la triste realidad es que la trata de personas ocurre aquí mismo, en los Estados Unidos.  Es el trabajador migratorio que no le puede saldar la deuda al traficante de personas.  El hombre, que fue atraído aquí con la promesa de un empleo, tiene que entregar sus documentos y se le obliga a trabajar horas interminables en una cocina.  La jovencita a quien se le golpea y se le obliga a merodear por las calles.  Esto no debe estar sucediendo en los Estados Unidos de América.

Como Presidente, yo le he dado instrucciones a mi Administración de que aumentemos nuestros esfuerzos.  Y ya lo hemos hecho.  Por primera vez, bajo la dirección de Hillary, nuestro informe anual sobre la trata de personas ahora incluye a los Estados Unidos, ya que no les podemos exigir a otras naciones algo que nosotros mismos no hacemos. (Aplausos.) Hemos expandido nuestro grupo de trabajo entre agencias para incluir a más aliados federales, incluyendo al FBI.  La Comunidad de Inteligencia está dedicando más recursos para identificar las redes de trata de personas.  Hemos fortalecido las protecciones, de manera que los trabajadores nacidos en el extranjero conozcan sus derechos.

Por encima de todo, estamos persiguiendo a los traficantes de personas.  Hay nuevos equipos contra la trata de personas que les están desmantelando sus redes.  Y, el año pasado, acusamos a un número sin precedentes de esos predadores del delito de trata de personas.  Estamos llevándolos a donde ellos pertenecen, a las cárceles.  (Aplausos.)

Sin embargo, habiendo más de 20 millones de víctimas de la trata de personas alrededor del mundo, piensen en eso, más de 20 millones, hay tantísimo más que tenemos que hacer.  Por eso es que, a principios de año, yo le di instrucciones a mi Administración de aumentar nuestros esfuerzos.  Y hoy, puedo dar a conocer diversas medidas adicionales que estaremos implementando.

Primero, haremos más para identificarlo y detenerlo.  Prepararemos una nueva evaluación de la trata de personas en los Estados Unidos, de manera que entendamos mejor el alcance y la escala del problema.  Reforzaremos la capacitación, de manera que los investigadores y los encargados del cumplimiento del orden estén aun mejor equipados para tomar acción, y tratar a las víctimas como víctimas, y no como criminales. (Aplausos) Colaboraremos con Amtrak, y con los inspectores de los buses y los camiones, de manera que estos estén alerta.  Ayudaremos a los maestros y educadores a identificar las indicaciones también, y serviremos mejor a aquellos que son vulnerables, especialmente nuestros jóvenes.

Segundo, le estamos dando un giro completo a la situación con los traficantes.  Tal como ellos usan la tecnología y la internet para explotar a sus víctimas, nosotros aprovecharemos la tecnología para detenerlos.  Estamos exhortando a las compañías de tecnología, a los defensores y al personal de cumplimiento del orden, y estamos retando a los estudiantes universitarios, a que desarrollen herramientas que nuestros jóvenes puedan usar para mantenerse seguros en línea, así como en sus teléfonos móviles de alta gama. 

Tercero, haremos aun más para ayudar a las víctimas a recuperarse y reconstruir sus vidas.  Crearemos un nuevo plan de acción para mejorar la coordinación a través del gobierno federal.  Aumentaremos el acceso a servicios para ayudar a los sobrevivientes a hacerse autosuficientes.  Nos esforzaremos por simplificar los procedimientos de visas, para las “visas T”, de manera que las víctimas inocentes de otros países puedan permanecer aquí a medida que nos ayudan a enjuiciar a sus traficantes de personas. 

Este próximo año, mi oficina de Alianzas Religiosas y Comunitarias concentrará su trabajo en la lucha contra la trata de personas.  También me enorgullece dar a conocer una nueva alianza con Humanity United, que es una organización líder contra la trata de personas.  Es un reto multimillonario a las comunidades locales para que encuentren nuevas maneras de atender a las víctimas de la trata de personas.  Y la universidad Johns Hopkins se concentrará en cómo atender mejor a las víctimas infantiles. (Aplausos.)

Por último, como uno de los mayores compradores de bienes y servicios en el mundo, el gobierno de los Estados Unidos liderará con su ejemplo.  Ya hemos tomado medidas para cerciorarnos de que nuestros contratistas no participen del trabajo forzado.  Hoy, estamos yendo más lejos.  He firmado un nuevo decreto ejecutivo que eleva el estándar.  Trata específicamente sobre las prohibiciones.  Hace más que solo proteger a los trabajadores.  Garantiza un cumplimiento más sólido.  En resumen, estamos dejando claro que los dólares recaudados con los impuestos americanos jamás habrán de usarse para apoyar la trata de seres humanos.  Tendremos cero tolerancia. Y no solo lo decimos, lo creemos, y lo haremos cumplir. (Aplausos.)

Claro que, ningún gobierno ni ninguna nación pueden cumplir este reto por sí solos.  Todo el mundo tiene una responsabilidad.  Todas las naciones pueden tomar acción.  Tienen que aprobarse, y hacerse cumplir, leyes modernas contra la trata de personas.  Los sistemas de justicia tienen que fortalecerse.  Las víctimas tienen que atenderse.  Aquí en los Estados Unidos, el Congreso debe renovar la Ley de Protección a las Víctimas de la Trata de Personas.  Independientemente de si uno es conservador o liberal, Republicano o Demócrata, esto no requiere pensarlos. Esto es algo en lo que todos debemos estar de acuerdo. Tenemos que hacerlo.

A un nivel más general, como naciones, comprometámonos nuevamente a abordar las fuerzas subyacentes que son primeramente las que empujan a tantos hacia la esclavitud. Con un desarrollo y un crecimiento económico que creen empleos legítimos hay menos probabilidad de la servidumbre bajo contrato de cumplimiento forzoso alrededor del mundo.  Un sentido de justicia que indique que jamás habrá de explotarse a un menor.  Y un compromiso a la igualdad, tal como en la Alianza de Futuros Equiparados que hemos lanzado ayer con otras naciones, de manera que las sociedades empoderen a sus hermanas y a sus hijas tanto como a nuestros hermanos y a nuestros hijos. (Aplausos.)

Y todos los negocios pueden tomar acción.  Todos los empresarios que están hoy presentes y las compañías en nuestra economía global, tienen una responsabilidad de cerciorarse de que sus cadenas de abastecimiento, llegando hasta los rincones más recónditos del mundo, estén libres de trabajo forzado. (Aplausos.) Cada vez más, las compañías responsables están imponiéndose a sí mismas estándares más altos.  Y hoy, quiero reconocer los nuevos compromisos que están teniendo lugar.  Esto incluye la nueva Coalición Global de Negocios contra la Trata de Personas, constituida por empresas que están enviando un mensaje: que la trata de personas no es un modelo de negocios; que es un delito, y que vamos a ponerle fin. Estamos orgullosos de ellos. (Aplausos.)

Todas las comunidades religiosas pueden tomar acción también.  Mediante la educación de sus congregaciones, al unir fuerzas en coaliciones que están unidas por el amor a Dios y el interés en los oprimidos.  Al igual que ese Buen Samaritano en su camino a Jericó, no pasemos simplemente por su lado, indiferentes.  Dejémonos llevar por la compasión, sanemos sus heridas.  Unámonos todos en torno a esa sencilla verdad; somos el cuidador de nuestro hermano, somos el cuidador de nuestra hermana. 

Y finalmente, todas las personas pueden tomar acción.  Aprendiendo más.  Visitando el sitio web que ayudamos a crear: SlaveryFootprint.org.  Dando a conocer su opinión e insistiendo que las ropas que usamos, la comida que comemos, los productos que compramos se fabriquen libres de trabajo forzado.  Luchando contra la degradación y el abuso de las mujeres. 

Así es como sucede el cambio de verdad, de los niveles más bajos hacia los más altos. Y si lo dudan, pueden preguntarle a Marie Godet Niyonyota, del Congo.  Piensen en su historia. Ella fue secuestrada por los rebeldes que la convirtieron en su esclava.  Abusaron de ella, tanto física como sexualmente.  La embarazaron cinco veces.  En una horrible batalla le mataron a sus hijos – todos los cinco.  Milagrosamente ella sobrevivió y se escapó.  Con atención y apoyo, ella comenzó a sanarse.  Aprendió a leer y a escribir y a coser y, actualmente, Marie está de regreso en su casa, esforzándose por labrarse un nuevo futuro.

O pregúntenle a Ima Matul.  Ella se crió en Indonesia, y a los 17 años tuvo la oportunidad de trabajar de niñera aquí en los Estados Unidos.   Sin embargo, cuando llegó, aquello fue una pesadilla.  Cocinar, limpiar, días de dieciocho horas, los sietes días a la semana.  Una golpiza fue tan fuerte que tuvo que ir a la sala de emergencias.  Finalmente, logró escaparse.  Y, con la ayuda de un grupo que tenía interés, actualmente Ima tiene un empleo estable, es defensora de la causa e incluso ha testificado ante el Congreso.

O pregúntenle a Sheila White, que se crió en el Bronx.  Habiéndose escapado de un hogar abusivo, ella se topó con un hombre que le dijo que la protegería.  En lugar de ello, la vendió, a solo los 15 años de edad, a hombres que la violaron, la golpearon, y la quemaron con planchas.  Finalmente, después de años y con la ayuda de una organización sin fines de lucro liderada por otros sobrevivientes, ella tuvo el valor de liberarse y obtener los servicios que necesitaba.  Sheila obtuvo su certificado de equivalencia de escuela secundaria o G-E-D y actualmente es una defensora tenaz que ha ayudado a aprobar una nueva ley contra la trata de personas aquí en Nueva York.

Estas mujeres sufrieron horrores indescriptibles.  Pero, con su determinación inquebrantable, su valor, su resistencia, ellas nos recuerdan que ese ciclo puede romperse; que las víctimas pueden convertirse no solo en sobrevivientes sino líderes, defensores, y lograr el cambio.

Y acabo de conocer a Ima, Sheila y algunas más de sus compañeras defensoras de esta causa.  Y debo decirles, todas son una inspiración increíble.  Ellas están aquí y han decidido contar su historia, y yo les pido que se pongan de pie para que las reconozcamos porque son una inspiración para todos nosotros. Por favor, Sheila, Ima. (Aplausos.)

A Ima, Sheila, y a cada una de ustedes, en las horas más oscuras de sus vidas, se pueden haber sentido sumamente solas, y parecía que a nadie le importaba.  Y lo importante que debemos entender es que hay millones de mujeres que están sintiendo eso mismo en este preciso momento.

Ahora mismo, hay un hombre en un bote, lanzando una red con sus manos ensangrentadas, sabiendo que merece una vida mejor, una vida de dignidad, pero no sabe si nadie está prestando atención. Ahora mismo, hay una mujer, encorvada sobre una máquina de coser, mirando más allá de los barrotes en la ventana, sabiendo que, si solo se le ofrece la oportunidad, ella podría algún día vender su propia mercancía, pero no cree que nadie está prestando atención.  Ahora mismo, hay un niño, en una fábrica de ladrillos, cubierto de polvo, acarreando su pesada carga bajo un refulgente sol, pensando que, si él solo pudiera ir a la escuela, podría conocer un futuro diferente, pero no cree que nadie está prestando atención.  Ahora mismo, hay una niña, atrapada en un prostíbulo, sollozando una vez más mientras trata de conciliar el sueño, pero que quizás se atreve a imaginar que algún día, solo tal vez, a ella se le pueda tratar no como un artículo de propiedad, sino como a un ser humano.

Y hoy, les decimos a ellos y a millones como ellos, que los vemos.  Que los escuchamos.  Que creemos en su dignidad.  Y que compartimos su creencia que, si solo se les ofrece la oportunidad, ustedes pueden forjar una vida equivalente a sus talentos y merecedora de sus sueños. (Aplausos.)

Nuestra lucha contra la trata de personas es una de las grandes causas de derechos humanos de nuestro tiempo, y los Estados Unidos continuarán liderándola, en una alianza con ustedes.  Y, aunque el cambio que buscamos no será fácil de lograr, derivamos fuerza de los movimientos pasados.  Puesto que sabemos que cada vida que se salve, según se redactó en esa gran Proclamación, es “un acto de justicia”, merecedor de “el juicio considerado de la humanidad, y la gracia generosa de Dios Todopoderoso”. 

Eso es en lo que creemos. Es por eso que luchamos. Y estoy tan orgulloso de tener como socios al C-G-I para lograrlo.

Muchísimas gracias a todos. Que Dios los bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América. (Aplausos.)

 

                        FIN                12:57 P.M. EDT

 

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