THE WHITE HOUSE
Oficina del Secretario de Prensa
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Para publicación inmediata
25 de marzo, 2013
 
COMENTARIOS DEL PRESIDENTE EN LA CEREMONIA DE NATURALIZACIÓN 
DE MIEMBROS DEL SERVICIO EN ACTIVO Y CIVILES

Sala del Este

11:36 A.M. EDT

EL PRESIDENTE: Muchas gracias.  (Aplausos.) Pues bien, buenos días a todos.  Secretaria Napolitano, gracias por tomar el juramento y hacerlo oficial. Director Mayorkas, distinguidos invitados, familiares y amigos, es un inmenso placer tenerlos en el día de hoy aquí en la Casa Blanca.  Y es un honor encontrarme entre los primeros en saludar a algunos de mis compañeros ciudadanos de los Estados Unidos. 

Hoy, aquí en la casa del pueblo, una cada diseñada por un inmigrante irlandés, les damos la bienvenida a 28 hombres y mujeres, que son inmigrantes, quienes, a partir de hoy, se han ganado el preciado derecho de que este país sea el suyo.

Y yo sé que este es un momento increíblemente especial para ustedes y para sus familias, pero siento también que es un momento especial para el resto de nosotros. Ya que, a medida que observamos a todos en este salón, recordamos que lo que hace americano a alguien no son solos sus antecedentes familiares, no es solo una casualidad de su nacimiento. Es una fidelidad a nuestros principios básicos, una fe en la idea de que cualquiera, en cualquier lugar, puede escribir el próximo capítulo interesante en esta historia americana. 

Esa es la promesa de los Estados Unidos. Y hoy sabemos que está viva y activa en cada uno de ustedes. 

Desde luego, a primera vista, sería fácil definir a este grupo por sus diferencias. Todos provienen de diferentes rincones del mundo: desde Nigeria hasta Nicaragua, desde las Filipinas hasta Perú. Todos llegaron aquí de diferentes maneras. Algunos de ustedes llegaron aquí siendo niños, traídos por padres que deseaban para ustedes una vida que ellos mismos nunca habían tenido. Otros vinieron siendo adultos, dejando atrás todo lo conocido en busca de una vida nueva. Pero lo que los une a ustedes, lo que nos une a todos nosotros, es algo más significativo que todo eso. Un amor por este país y todo lo que este representa; eso es lo que los une a todos y cada uno de ustedes. 

En el caso de Nikita Kirichenko, allí mismo está Nikita, ese amor es tan hondo que lo llevó a alistarse en nuestras fuerzas militares.  Nikita llegó aquí de Ucrania a la edad de 11 años. Su madre consideraba que los Estados Unidos eran el único lugar en la Tierra donde su hijo podría lograr lo que este quisiera. Y hace unos años, Nikita decidió que quería ser parte de la Fuerza Aérea de manera que, en sus propias palabras, “Yo pudiera agradecerle a un país que me acogió y me proporcionó una vida mejor”.  Gracias, Nikita.  Hoy, lo saludamos con orgullo no solo como miembro de nuestras fuerzas militares sino como ciudadano de nuestro país.

Hoy, saludamos a Elrina Brits.  ¿Dónde está Elrina?  Allí está.  Elrina nació en Sudáfrica, llegó aquí de niña, se crió en el Estado de Washington.  Cuando Elrina decidió ser parte de la Marina de EE.UU., alguien le dijo que ella no daría la talla. Sin embargo, a pesar de que ella todavía no era americana en sus papeles, ella tenía la cualidad americana de ser desafiante cuando alguien le dice a uno que no lo puede hacer.  (Risas.)  Así es que ella le pudo demostrar que estaban equivocados. Ella sirvió dos veces en el Medio Oriente, una vez en Haití, demostrando otro impulso esencialmente americano, que es el hecho de ayudar a los necesitados. Y, como nueva ciudadana, Elrina espera servir a su país de otra forma, como oficial de policía. Así es que, felicidades, Elrina.

Elrina, Nikita, todos los miembros de las fuerzas militares aquí con nosotros han demostrado un patriotismo increíble; una disposición a arriesgar sus vidas para defender a una nación que aun no era la suya. Y eso es un acto encomiable. Y eso hizo a cada uno de ellos ser uno de nosotros. Hizo a cada uno de ellos en cierta forma americanos incluso antes de que fuera oficial. Porque esa clase de servicio y sacrificio ha definido a nuestra nación durante más de dos siglos. 

En los Estados Unidos, nosotros nos cuidamos unos a otros. Consideramos que la ciudadanía no es simplemente una colección de derechos sino también un conjunto de responsabilidades. Eso es lo que somos. Y eso es lo que trajo a tantos a nuestras costas, incluyendo a Kingsley Elebo.  Kingsley llegó aquí de Nigeria a la edad de 35 años, y estudió una maestría en tecnología de la información.  Y ahora está estudiando para su doctorado. Quiere hacerse profesor universitario para poder ayudar a los Estados Unidos a liderar al mundo en las industrias de alta tecnología del mañana. Y lo que dijo Kingsley es que, “Lo que hace extraordinario a este país es que, si uno es ciudadano, uno es parte de algo más grande que uno mismo”. Y eso es cierto. Y estamos muy contentos de que, a partir de hoy, Kingsley sea parte de ello también.  

También estamos muy contentos de darle la bienvenida a Pertula George-Redd.  Pertula llegó a los Estados Unidos de St. Lucia a la edad de 23 años, dejando atrás a sus padres y a siete hermanos. Vino aquí a estudiar desarrollo internacional. Se quedó, durante más de una década ya, para trabajar en organizaciones sin fines de lucro que les enseñan a nuestros niños sobre los alimentos sostenibles y cómo vivir una vida más saludable comiendo mejor, algo que sé que le agrada mucho a Michelle.  Hoy, ella también tiene la gratitud de su nueva nación.  Así es que muchísimas gracias.

Nos sentimos tan orgullosos de todos los que están aquí. En cada uno de ustedes vemos el verdadero espíritu de los Estados Unidos. Y vemos un poco de nosotros mismos también, ya que la mayoría de nuestras historias se remontan a momentos así como este. A un antepasado que, tal como estos hombres y mujeres que están aquí hoy, levantó su mano derecha y recitó el juramento sagrado. 

Y la idea es que, salvo que uno sea uno de los primeros americanos, salvo que uno sea un americano nativo, uno provino de otro lugar. Por eso es que siempre nos hemos definido como una nación de inmigrantes. Y siempre nos hemos beneficiado de ello. La promesa que vemos en los que vienen de todas las diferentes partes del mundo es una de nuestras mayores fortalezas. Ha mantenido joven a nuestra fuerza laboral. Mantiene a nuestros negocios a la vanguardia. Ha contribuido a crear el motor económico más extraordinario que jamás haya conocido el mundo. Y consideren el tesón y la determinación que les tomó a cada uno de estos 28 hombres y mujeres llegar a este momento. Imagínense lo lejos que ellos llegarán a partir de ahora, la clase de diferencia que ellos marcarán en nombre de este país. 

La inmigración nos hace más fuertes. Nos mantiene vibrantes. Nos mantiene ávidos de oportunidad. Nos mantiene prósperos. Es parte de lo que hace a este país ser tan dinámico. Y, si queremos continuar atrayendo a los mejores y más brillantes que el mundo tiene que ofrecer, entonces tenemos que hacer una mejor labor de acogerlos. Durante años hemos sabido que nuestro sistema de inmigración no funciona, que no estamos haciendo lo suficiente para aprovechar el talento y la ingeniosidad de todos aquellos que quieren trabajar duro y encontrar un lugar en los Estados Unidos. Y, después de evadir el problema durante años, ha llegado el momento de arreglarlo de una vez y para siempre. Ha llegado el momento de una reforma migratoria general y sensata.

Ahora bien, hace unos meses en Nevada, y nuevamente el mes pasado en mi discurso del Estado de la Unión, yo hablé sobre cómo los Republicanos y los Demócratas estaban listos para hacerle frente a este problema conjuntamente. Y la buena noticia es que, desde entonces, hemos visto una verdadera acción en el Congreso. Hay grupos bipartidistas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado colaborando para vencer este reto, y los aplaudo por hacerlo así. Estamos logrando progreso, pero tenemos que terminar la labor, debido a que este problema no es nada nuevo. 

Todo el mundo sabe más o menos lo que no funciona. Todo el mundo sabe cómo arreglarlo. Todos hemos propuesto soluciones y tenemos un montón de informes y estudios. Y, en este punto, solo tenemos que armarnos de valor político para hacer lo que se requiere que hagamos. Así es que espero que se presente un proyecto de ley. Espero que el debate comience el mes que viene. Quiero promulgar ese proyecto de ley lo antes posible.

Sabemos que la verdadera reforma significa continuar fortaleciendo la seguridad de nuestras fronteras y haciendo que los empleadores rindan cuentas de sus acciones. Sabemos que la verdadera reforma significa proveerles un camino responsable a ganarse la ciudadanía a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que actualmente viven en las sombras; un camino que incluye someterse a una verificación de antecedentes y pagar impuestos y una multa, y aprender inglés y entonces irse al final de la fila detrás de todos los que están intentando venir aquí de manera legal. 

Sabemos que la verdadera reforma requiere modernizar el sistema legal de inmigración de manera que nuestros ciudadanos no tengan que esperar años antes de que sus seres queridos puedan reunirse con ellos en los Estados Unidos, y de manera que atraigamos a los empresarios e ingenieros sumamente calificados que van a contribuir a crear empleos bien remunerados y a fomentar nuestra economía.

Así es que hagamos esto, y hagámoslo de una manera que mantenga la fe en nuestra historia y en nuestros valores. Y ningún otro país en la Tierra acoge a tantos nuevos extranjeros como nosotros. Y, mientras dure la promesa de los Estados Unidos, mientras continuemos erguidos con la imagen de un faro de esperanza y oportunidad, entonces los trabajadores más afanados del mundo, los empresarios más ávidos de prosperar, los hombres y mujeres que estén dispuestos a hacer sacrificios enormes para lograr una vida mejor, no solo para ellos sino para sus hijos y nietos, seguirán viniendo. 

Y, al igual que los millones que vinieron antes, y al igual que estos 28 americanos que están aquí hoy, ellos traerán consigo nuevas esperanzas y nuevos sueños, nuevas ideas y un nuevo optimismo sobre nuestro futuro. Eso nos hará más fuertes. Así es como nos cercioraremos de que tenemos lo mejor de nuestras vidas por delante y no detrás de nosotros. 

Así es que quiero agradecerle a cada uno de ustedes que me hayan permitido la oportunidad de compartir este momento tan increíble. Una de las mejores cosas que me toca hacer como Presidente de los Estados Unidos es hablarles a todos ustedes como compañeros ciudadanos. Que Dios los bendiga y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

Y ahora tenemos un último detalle que hacer para concluir la ceremonia. Quiero pedirle a uno de nuestros más nuevos ciudadanos, Julián de la Valle, de Colombia, que nos dirija en el Juramento a la Bandera. 

Julián.

(Se recita el Juramento a la Bandera.)

EL PRESIDENTE: Felicidades.  Felicidades a todos ustedes. Gracias. (Aplausos.)

Y ahora, disfruten de la Casa Blanca, ¿les parece bien? (Risas.)  Muchísimas gracias a todos.

FIN               

11:47 A.M. EDT

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