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Declaraciones del Presidente a la Nación Sobre el Derrame Petrolero de BP

El Presidente: Buenas noches. En estos momentos, nuestro país enfrenta una multitud de desafíos. En el plano nacional, nuestra principal prioridad es recuperarnos y reconstruir tras una recesión que ha afectado la vida de casi todos los estadounidenses. En el plano internacional, nuestros valientes hombres y mujeres de uniforme están llevando la lucha a Al Qaida donde ésta se encuentre. Y esta noche, he regresado de un viaje a la Costa del Golfo para hablarles sobre la batalla que estamos librando contra un derrame petrolero que está atacando nuestras costas y a nuestros ciudadanos.
 
El 20 de abril, una explosión destruyó la plataforma petrolera Deepwater Horizon de BP, a unas cuarenta millas mar adentro de las costas de Luisiana. Once trabajadores perdieron la vida. Otros diecisiete quedaron heridos. Y pronto, a casi una milla debajo de la superficie del océano, se empezó a derramar un mar de petróleo en el agua.
 
Ya que nunca ha habido un derrame de esta magnitud a esta profundidad, taponarlo ha puesto a prueba los límites de la tecnología humana. Por eso, poco después del hundimiento de la plataforma petrolera, convoqué a un equipo de los mejores científicos e ingenieros de nuestro país para enfrentar este desafío, un equipo liderado por el Dr. Steven Chu, un físico ganador del Premio Nóbel y el secretario de energía de nuestro país. Científicos de nuestros laboratorios nacionales y expertos de universidades y otras compañías petroleras también han proporcionado ideas y consejos.
 
Como resultado de estos esfuerzos, hemos dirigido a BP a movilizar equipo y tecnología adicionales. En los próximos días y semanas, estos esfuerzos deben captar hasta 90% del petróleo que sale del pozo. Esto es hasta que la compañía termine de perforar un pozo de alivio durante el verano, que se espera detenga el derrame completamente.
 
Este derrame petrolero ya es el peor desastre ambiental que Estados Unidos ha enfrentado jamás. Y a diferencia de un terremoto o un huracán, no es un evento aislado que genera un daño en cuestión de minutos o días. Los millones de galones de petróleo que se derraman en el Golfo de México son más como una epidemia, contra la que vamos a tener que luchar durante meses y tal vez años.
 
Pero que no quepa duda: vamos a luchar contra este derrame con todo lo que tengamos a mano y por el tiempo que sea necesario.  Haremos que BP pague por la destrucción causada por su compañía. Y haremos lo que sea necesario para ayudar a la Costa del Golfo y a su gente a recuperarse de esta tragedia.
 
Esta noche quiero describirles cuál será nuestro plan de batalla para seguir adelante: lo que estamos haciendo para limpiar el petróleo, lo que estamos haciendo para ayudar a nuestros vecinos del Golfo, lo que estamos haciendo para asegurarnos de que una catástrofe así no vuelva a ocurrir jamás.
 
En primer lugar, la limpieza. Desde el primer momento de esta crisis, el gobierno federal ha estado a cargo del mayor esfuerzo de limpieza ambiental en la historia de nuestro país, un esfuerzo encabezado por el almirante Thad Allen, que tiene casi 40 años de experiencia en respuesta a desastres. Ahora tenemos casi 30,000 personas trabajando en cuatro estados para contener y limpiar el petróleo. Miles de barcos y otras embarcaciones están respondiendo en el Golfo. Y he autorizado la movilización de 17,000 efectivos de la Guardia Nacional a lo largo de la costa. Estos hombres y mujeres de uniforme están listos a ayudar a contener el petróleo para que no llegue a la costa, a limpiar playas,  a capacitar trabajadores en acciones de respuesta o incluso ayudar con la tramitación de las demandas. E insto a los gobernadores de los estados afectados a que activen estas tropas lo más pronto posible.
 
Gracias a nuestros esfuerzos, millones de galones de petróleo ya han sido extraídos del agua mediante la quema, la limpieza de superficie y otros métodos de recolección. Más de cinco millones y medio de pies de barreras de contención han sido colocados en el agua para bloquear y absorber el petróleo que se acerca a la costa. Hemos aprobado la construcción de nuevas islas de barrera en Luisiana para tratar de detener el petróleo antes de que llegue a la costa. Y estamos trabajando con Alabama, Mississippi y Florida para implementar creativamente sistemas que se adecúen a las características singulares de sus costas.
 
Mientras la limpieza continúa, vamos a ofrecer todo recurso y asistencia adicional que necesiten nuestros estados costeros. Ahora bien, la movilización a esta velocidad y magnitud nunca será perfecta, y siempre se suscitarán nuevos desafíos. Vi y escuché evidencia de eso durante mi viaje. Así que si algo no está funcionando, queremos saberlo. Si hay problemas en las operaciones, los solucionaremos.
 
Pero tenemos que reconocer que a pesar de nuestros mejores esfuerzos, el petróleo ya ha causado daños en la costa y la vida silvestre. Y lamentablemente, aunque nuestra respuesta sea muy eficaz, habrá más petróleo y más daños antes de que este asedio termine. Por eso, en segundo lugar, nos hemos enfocado en la recuperación y rehabilitación de la Costa del Golfo.

¿Saben? Por generaciones, los hombres y mujeres que tienen su hogar en esta región han dependido del mar para subsistir. Esta forma de subsistencia está ahora en peligro. He hablado con camaroneros y pescadores que no saben cómo van a mantener a su familia este año. He visto muelles vacíos y restaurantes con pocos clientes, incluso en zonas donde las playas aún no han sido afectadas. He conversado con los dueños de tiendas y hoteles que se preguntan cuándo volverán los turistas. La tristeza e ira que sienten no sólo es por el dinero perdido. Es por la terrible ansiedad de quizá perder su forma de vida.
 
Me rehúso a permitir que eso suceda. Mañana, me reuniré con el presidente de BP y le informaré que debe proporcionar los recursos que sean necesarios para compensar a los trabajadores y a los empresarios que han sido afectados como resultado de la imprudencia de su compañía. Y este fondo no será controlado por BP. A fin de asegurar que todas las demandas legítimas se paguen de manera pronta y justa, la cuenta debe y será administrada por terceros, una entidad independiente.
 
Además de compensar a la gente del Golfo a corto plazo, también es evidente que necesitamos un plan a largo plazo para restaurar la singular belleza y abundancia de esta región. El derrame petrolero representa sólo el último golpe asestado contra una región que ya ha sufrido múltiples desastres económicos y décadas de degradación ambiental que han llevado a la desaparición de humedales y ecosistemas. Y la región todavía no se ha recuperado de los huracanes Katrina y Rita. Por eso nuestro compromiso con la Costa del Golfo debe ir más allá de responder a la crisis del momento.
 
Yo asumo ese compromiso esta noche. Previamente, le pedí a Ray Mabus, el secretario de Marina, que también es ex gobernador de Mississippi e hijo de la Costa del Golfo, que desarrolle, tan pronto como sea posible, un plan a largo plazo para la Restauración de la Costa del Golfo. Los estados, comunidades locales, tribus, pescadores, empresas, conservacionistas y otros residentes del Golfo participarán en la formulación del plan. Y BP pagará por los daños causados en la región por el derrame.
 
La tercera parte de nuestro plan de respuesta son los pasos que estamos tomando para asegurarnos de que no vuelva a suceder un desastre de este tipo. Hace unos meses, aprobé una propuesta para considerar la posibilidad de nueva y limitada perforación en mar abierto, siempre que hubiera garantías de que fuera totalmente segura, que utilizaría la tecnología apropiada y que se tomarían las precauciones necesarias.
 
Obviamente, ése no fue el caso de la plataforma petrolera Deepwater Horizon y quiero saber por qué. El pueblo estadounidense merece saber por qué. Las familias con las que me reuní la semana pasada, que perdieron a seres queridos en la explosión, esas familias merecen saber por qué. Así que he creado una Comisión Nacional para comprender las causas de este desastre y ofrecer recomendaciones sobre estándares adicionales en materia ambiental y de seguridad que debemos poner en vigor. Ya hemos establecido una moratoria de seis meses a la perforación petrolera. Sé que esto crea dificultades para la gente que trabaja en estas plataformas petroleras, pero por su seguridad y por la seguridad de toda la región, necesitamos saber los hechos antes de permitir que continúe la perforación en aguas profundas. Y aunque exhorto a la Comisión para que termine su trabajo lo antes posible, espero que hagan su trabajo meticulosa e imparcialmente.
 
Un lugar donde ya hemos empezado a tomar medidas es en la agencia encargada de regular la perforación y el otorgamiento de permisos, conocida como el Servicio de Manejo de Minerales. En la última década, esta agencia ha encarnado una filosofía errónea que ve toda reglamentación con hostilidad, una filosofía que dice que las corporaciones deben poder establecer sus propias reglas de juego y supervisarse a sí mismas. En esta agencia, la supervisión estaba a cargo de miembros de la industria. Las compañías petroleras inundaban de regalos y favores a los reguladores, y esencialmente, se les permitía realizar sus propias inspecciones y escribir sus propios reglamentos.
 
Cuando Ken Salazar asumió el cargo de secretario del Interior, una de sus primeras medidas fue limpiar la peor corrupción en esta agencia. Pero ahora está claro que los problemas eran mucho más profundos y que el ritmo de la reforma era demasiado lento. Y entonces, el secretario Salazar y yo hemos traído un nuevo jefe a esta agencia, Michael Bromwich, que fue un firme fiscal federal e inspector general. Su misión en los próximos meses será construir una organización que actúe como supervisor de la industria petrolera, no como su socio.
 
Entonces una de las lecciones que hemos aprendido de este derrame es que necesitamos mejores reglamentos, mejores estándares de seguridad y mejor vigilancia en lo que respecta a la perforación en mar abierto. Pero una lección aun más importante es que no importa cuánto mejoremos nuestra reglamentación de la industria, porque la perforación de petróleo en estos días conlleva mayores riesgos. Después de todo, el petróleo es un recurso finito. Consumimos más de 20% del petróleo del mundo, pero tenemos menos de 2% de las reservas petroleras del mundo. Y en parte, ésa es la razón por la cual las compañías petroleras están perforando una milla por debajo de la superficie del mar, porque ya se nos están agotando los lugares donde perforar en tierra o en aguas poco profundas.

Durante décadas hemos sabido que los días del petróleo barato y accesible estaban contados. Durante décadas hemos dicho una y otra vez que Estados Unidos necesita acabar con su adicción de todo un siglo a los hidrocarburos. Y durante décadas, no hemos logrado actuar con la urgencia necesaria para enfrentar este reto. Una y otra vez, los cabilderos de la industria petrolera y también la falta de franqueza y valentía política han impedido que siguiéramos avanzando.
 
Las consecuencias de esa falta de acción ahora se ven a simple vista. Países como la China están invirtiendo en trabajos e industrias de energía limpia que deberían existir aquí en Estados Unidos. Cada día, enviamos casi $1,000 millones de nuestra riqueza a países extranjeros a cambio de su petróleo. Y hoy, mirando hacia el Golfo, vemos todo un estilo de vida amenazado por una nube negra de crudo.

No podemos heredarles ese futuro a nuestros hijos. La tragedia que está ocurriendo en nuestras costas es el recordatorio más doloroso y convincente de que ahora es el momento de optar por un futuro basado en la energía limpia. Ahora es el momento de que esta generación emprenda  la misión nacional de dar rienda suelta a la innovación de Estados Unidos y tomar control de nuestro propio destino.
 
Ésta no es una visión lejana para Estados Unidos. La transición a los hidrocarburos tomará tiempo, pero durante el último año y medio ya hemos tomado acciones sin precedente para impulsar la industria de energía limpia. En este momento,  se están reabriendo antiguas fábricas para producir turbinas eólicas, hay gente volviendo a trabajar en la instalación de ventanas para el uso eficiente de energía, y pequeñas empresas están produciendo paneles solares. Los consumidores están comprando autos y camiones de mejor millaje, y las familias están haciendo que sus hogares usen energía más eficientemente. Los científicos e investigadores están descubriendo tecnologías de energía limpia que algún día llevarán a la creación de nuevas industrias.
 
Cada uno de nosotros desempeña un papel en un futuro nuevo que nos beneficia a todos. A medida que nos recuperamos de esta recesión, la transición a la energía limpia tiene el potencial de hacer que nuestra economía crezca y de crear millones de trabajos, pero sólo si aceleramos esa transición. Sólo si aprovechamos esta coyuntura. Y sólo si nos unimos como una nación: trabajadores y empresarios; científicos y ciudadanos;  el sector público y el sector privado.
 
Como candidato a este puesto, presenté una serie de principios que llevarían a nuestro país hacia la independencia energética. El año pasado, la Cámara de Representantes aplicó estos principios aprobando un proyecto de ley integral sobre la energía y el cambio climático, un proyecto de ley que finalmente hace que la energía limpia sea un tipo de energía rentable para las empresas estadounidenses.
 
Bueno, hay costos asociados con esta transición. Y algunos creen que no podemos cubrir esos costos ahora. Yo digo que no podemos darnos el lujo de no cambiar cómo producimos y utilizamos energía, porque los costos a largo plazo para nuestra economía, nuestra seguridad nacional y nuestro medio ambiente son mucho mayores.
 
Con gusto consideraré otras ideas y perspectivas de cualquier partido, siempre que traten seriamente el problema de nuestra adicción a los hidrocarburos. Algunos han sugerido elevar los estándares de eficiencia en nuestros edificios tal como lo hemos hecho con nuestros autos y camiones. Algunos creen que debemos establecer estándares para asegurar que un mayor porcentaje de nuestra electricidad provenga de energía solar y eólica. Otros se preguntan por qué la industria energética sólo gasta una fracción de lo que gasta la industria de alta tecnología en investigación y desarrollo. Quiero elevar rápidamente nuestras inversiones en ese tipo de investigación y desarrollo.
 
Todos estos enfoques merecen ser llevados a consideración en los próximos meses. El camino que no aceptaré es la inacción. La única respuesta que no aceptaré es la idea de que este reto es demasiado grande y difícil para poderlo superar.  Saben, lo mismo se dijo de nuestra capacidad de producir suficientes aviones y tanques en la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo se dijo de nuestra habilidad de aprovechar la ciencia y la tecnología para llevar a un hombre a salvo a la superficie lunar. Pero una y otra vez nos hemos rehusado a aceptar los modestos límites del conocimiento convencional.  En vez, lo que nos ha definido como país desde la fundación, ha sido nuestra capacidad de forjar nuestro propio destino, nuestra determinación de luchar por el Estados Unidos que anhelamos para nuestros hijos. Aun si no estamos totalmente seguros de la forma que tendrá, aun si no sabemos con precisión como llegar ahí, sabemos que llegaremos.
 
Lo que nos sostiene como pueblo es la fe en el futuro. Esa misma fe sostiene a nuestros vecinos del Golfo en este momento. 
 
Cada año al comienzo de la temporada de camarones, los pescadores de la región participan en una tradición traída a Estados Unidos por pescadores inmigrantes de Europa hace mucho tiempo.  Se conoce como la “Bendición de la Flota” y hoy en día es una celebración en la cual clérigos de distintas religiones se reúnen para ofrecer una oración por la seguridad y el éxito de los hombres y mujeres que pronto saldrán a alta mar, algunos en jornadas que duran varias semanas.
 
La ceremonia se lleva a cabo en tiempos buenos y malos. Se llevó a cabo tras Katrina, y se realizó hace pocas semanas, al comienzo de la temporada más difícil que jamás han enfrentado estos pescadores.
 
Pero igual, llegaron y rezaron. Pues como lo dijo un ex-pescador y sacerdote refiriéndose a la tradición, “la bendición no es que Dios haya prometido eliminar todos los obstáculos y los peligros. La bendición es que Él siempre está con nosotros”. Es una bendición que se ofrece “...aun en medio de la tormenta”.
 
El derrame de petróleo no es la última crisis que enfrentará Estados Unidos. Esta nación ha conocido épocas difíciles en su pasado y seguramente las volveremos a vivir. Lo que nos permite superarlas, lo que siempre lo ha hecho posible, es nuestra fortaleza, nuestra resistencia, nuestra fe inquebrantable de que nos espera algo mejor si encontramos la valentía para intentarlo. Esta noche, rezamos por esa valentía, rezamos por el pueblo del Golfo, y rezamos por que una mano nos guíe a través de la tormenta hacia un futuro mejor. Gracias, que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.
 

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