The White House

Office of the Press Secretary

Declaraciones del Presidente en la Primera Reunión de la Comisión Fiscal

Jardín de Rosas
 
9:50 A.M. EDT
 
 
     EL PRESIDENTE: Buenos días a todos.
 
Como nación, continuamos sintiendo las consecuencias de tres desafíos distintos pero interrelacionados. Uno es la crisis financiera, producto de especulación imprudente que amenazó con paralizar los préstamos a familias y empresas. Y esta crisis, a su vez, llevó a la mayor recesión en varias generaciones, y el precio lo han pagado millones de estadounidenses que han perdido su empleo y su vivienda, miles de empresas que han cerrado, y las economías locales en todo el país que han sido devastadas. En los últimos dos años, esta desaceleración ha agravado una severa crisis fiscal ya existente, motivada por décadas de malos hábitos en Washington.
 
Como resultado de esto, el día que crucé esta puerta, que entré a la Oficina Oval, el déficit era de $1,300 billones y se proyectaba un déficit de $8 billones en los próximos 10 años. En parte, esto fue causado por la recesión, lo que significaba que el gobierno recaudaba menos y al mismo tiempo era mayor la necesidad de ayuda para quienes habían perdido el empleo. Otro factor que ha contribuido a nuestro déficit es el creciente costo del cuidado de salud. Cada año, se destina más dinero de los contribuyentes a Medicare y Medicaid.
 
Pero lo que también hizo posible este enorme déficit fue que la gente de Washington postergó decisiones políticas difíciles y evitó decir la dura verdad sobre la naturaleza del problema. El hecho es que, siempre es más fácil, cuando eres servidor público, contar las buenas noticias, decirle a la gente lo que quiere oír en lugar de lo que necesita saber. Y los caballeros detrás de mí, Alan Simpson y Erskine Bowles, son testigos de que durante mucho tiempo ésa fue la norma en Washington respecto a nuestras finanzas.
 
En el último año, hemos tenido que tomar medidas de emergencia para evitar que la recesión se convirtiera en otra depresión. Ahora, en momentos en que millones de personas no tienen trabajo, seguiremos haciendo todo lo que sea necesario para impulsar la generación de empleo a la vez que sentamos nuevas bases para un crecimiento económico duradero. Pero las medidas de emergencia han añadido aproximadamente $1 billón al déficit en los próximos 10 años. Como resultado, incluso a medida que damos estos pasos necesarios para el corto plazo, tenemos una obligación con las generaciones futuras, de solucionar el déficit estructural y de largo plazo que amenaza con debilitar nuestra economía y dejarles a nuestros hijos y nietos una montaña de deudas.
 
Por eso le pedí al Congreso que volviera a instaurar la regla de “pagar gastos cuando se incurren en ellos” (pay as you go). Esta regla dice que el Congreso no puede gastar un solo dólar en otorgar un nuevo recorte tributario o crear un programa de beneficios a menos que ahorre un dólar en otro rubro. Es lo que ayudó a lograr el equilibrio presupuestal en los noventa. En realidad, el hecho de abandonar “pay as you go” fue lo que llevó a que el superávit récord se convirtiera en déficit récord en sólo una década.
 
Luego, hemos estado examinando el presupuesto, partida por partida, y hemos identificado más de $20,000 millones en ahorros sólo este año. Hemos recortado o eliminado cientos de programas desactualizados o ineficaces, y hemos empezado a reformar nuestro inflado sistema de contratación. También hemos desafiado con éxito la costumbre del Congreso de favorecer a ciertos contratistas con la aprobación de sistemas de armamento que el Pentágono mismo dice que no desea ni necesita. Porque en estos tiempos difíciles tenemos que ahorrar todo lo posible para poder pagar las cosas que necesitamos, al igual que lo hacen las familias.
 
    Finalmente, hemos propuesto congelar el gasto gubernamental durante tres años. Esto no afectará los beneficios de Medicare, Medicaid ni el Seguro Social. Tampoco afectará la seguridad nacional ni los beneficios para veteranos. Pero sí afectara todo el otro gasto discrecional. Mi presupuesto acaba con las lagunas legales y los regalos tributarios a las compañías petroleras y de gas, y al 2 por ciento de los estadounidenses más ricos, simplemente porque no podemos costearlos. Y cumplí mi promesa de aprobar una ley de reforma de salud sin añadir un centavo al déficit. De hecho, se espera que al eliminar el despilfarro, atacar el fraude y promover un mejor cuidado de salud, la reforma reduzca nuestro déficit en más de $1 billón en las próximas dos décadas.
 
Pero todas estas medidas, a pesar de ser significativas, no son suficientes. Porque si bien estamos controlando el despilfarro y le pedimos cuentas al Congreso por cada dólar que gasta, esto por sí solo no compensará los años en que Washington se rehusó a tomar las decisiones difíciles y gastar dentro de sus posibilidades. Y no compensará por la permanente abstención de informar sinceramente al pueblo estadounidense sobre el costo de los servicios que tanto valoran.
 
Esto va a requerir que gente de ambos partidos se una y analice a profundidad la creciente brecha entre lo que el gobierno gasta y lo que el gobierno recauda en impuestos. Y requerirá que pongamos la politiquería de lado y que pensemos más en la próxima generación que en la próxima elección. Simplemente no hay otra manera.
 
Por eso establecí una Comisión Nacional de Reforma y Responsabilidad Fiscal (National Commission on Fiscal Responsibility and Reform) en base a una propuesta inicial presentada por un grupo de senadores de ambos partidos. Y ahora, la comisión tendrá su primera reunión oficial. Y les agradezco a todos sus miembros, demócratas y republicanos, gente del gobierno y gente del sector privado, por participar.
 
Quiero agradecer especialmente a Erskine Bowles y Alan Simpson por presidir la comisión. Estos caballeros tienen diferente afiliación política, pero comparten la misma fortaleza de carácter, la habilidad de trabajar con gente de otros partidos y la voluntad de decir la dura verdad, incluso si es difícil. Estas cualidades serán esenciales, así como la valentía que ya han demostrado al asumir esta labor.
 
Bien, he dicho que es importante que no restrinjamos de ninguna manera el análisis ni las recomendaciones que produzca esta comisión. Todo debe ponerse sobre la mesa. Y acabo de reunirme brevemente con la comisión y les dije lo mismo. Por supuesto, esto significa que todos ustedes, nuestros amigos de los medios, me preguntarán a mí y a otros una vez a la semana o a diario lo que estamos dispuestos a descartar de las recomendaciones de la comisión. Ése es un viejo juego en Washington que en el pasado ha hecho casi imposible que la gente se siente y tenga una conversación franca sobre cómo poner a nuestro país en una mejor situación fiscal.
 
Entonces deseo enviarles un mensaje hoy: No vamos a participar de ese juego. No voy a decir lo que va. No voy a decir lo que no va. Quiero que esta comisión se sienta libre de hacer su labor.
 
En teoría, hay pocos asuntos en los cuales hay un acuerdo más sólido entre los dos partidos que respecto a la responsabilidad fiscal. Pero en la práctica, esta responsabilidad por el futuro a menudo es relegada por la política coyuntural. Cae víctima de la presión de los intereses especiales, la influencia de las inquietudes locales y la realidad con la que cada estadounidense está familiarizado: que es mucho más fácil gastar un dólar que ahorrarlo. Eso es lo que llevó a este exorbitante déficit, es la raíz de todo. Y eso nos llevará al día de ajuste de cuentas.
 
Pero creo que con la ayuda de estos caballeros y de la comisión, podemos empezar a hacerle frente a este desafío de una manera seria y razonada. Y creo que debemos hacerlo, por el futuro de nuestro país.
 
Entonces, Alan, Erskine, gracias por participar. Quiero agradecerles a todos los miembros de la comisión fiscal. Contamos con un grupo serio de demócratas y republicanos, del sector privado y público, gente sincera respecto a este esfuerzo. Y les dije que nosotros también hablamos en serio.
 
Creo que he demostrado en el transcurso del último año que estoy dispuesto a hacer cosas incluso si no son populares. Muchas de las decisiones para controlar el déficit presupuestal probablemente no sean populares, pero creo que Alan y Erskine acordaron asumir esta labor porque están convencidos de que hablo en serio. Y voy a estar de su lado cuando presenten sus recomendaciones.
 
Entonces, muchas gracias a todos.
 
                                       END                9:59 A.M. EDT
 

White House Shareables