Sala Roosevelt

8:41 p.m. EDT

EL PRESIDENTE: Buenas noches, compatriotas estadounidenses.

Esperaba que, cuando me convirtiera en presidente, no tendría que volver a hacer esto.

Otra masacre. Uvalde, Texas. Una escuela primaria. Hermosos e inocentes estudiantes de segundo, tercero y cuarto grado. Además, decenas de niños pequeños que presenciaron lo que sucedió: vieron morir a sus amigos como si estuvieran en un campo de batalla, por el amor de Dios. Vivirán con eso el resto de sus vidas.

Hay mucho que no sabemos todavía, pero hay mucho que sí sabemos.

Hay padres que nunca volverán a ver a sus hijos, quienes ya no subirán de un salto a su cama y se acurrucarán con ellos. Padres que nunca serán los mismos.

Perder a un hijo es como que le arranquen a uno un pedazo del alma. Sientes un vacío en el pecho que te absorbe y del que crees que nunca podrás salir. Es sofocante. Y nada volverá a ser igual jamás.

Este es un sentimiento compartido por los hermanos, los abuelos, los miembros de la familia y la comunidad que queda atrás.

Las Escrituras dicen —Jill y yo hemos hablado de esto en diferentes contextos, en otros contextos—: “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los que tienen el espíritu abatido”. Hay tantos espíritus abatidos.

Esta noche, le pido a la nación que ore por ellos, para darles fuerza a los padres y hermanos en la oscuridad que atraviesan en este momento.

Como nación, debemos preguntarnos: ¿Cuándo, en el nombre de Dios, vamos a enfrentar al lobby de las armas? ¿Cuándo, en el nombre de Dios, haremos lo que todos, en nuestro interior, sabemos que se debe hacer?

Han pasado 340… 3448 días, 10 años, desde que me paré en una escuela secundaria en Connecticut, una escuela primaria en Connecticut, donde otro hombre armado masacró a 26 personas, incluidos 20 estudiantes de primer grado, en la Escuela Primaria Sandy Hook.

Desde entonces, se han reportado más de 900 incidentes de disparos en escuelas.

La Escuela Secundaria Marjorie Stoneman Douglas en Parkland, Florida. La Escuela Secundaria Santa Fe en Texas. La Escuela Secundaria Oxford en Michigan. La lista sigue y sigue.

La lista crece cuando se incluyen tiroteos masivos en sitios como cines, lugares de culto y, como vimos hace apenas 10 días, una tienda en Búfalo, Nueva York.

Estoy asqueado y cansado de eso. Debemos actuar. No me digan que no podemos actuar frente a esta matanza.

Pasé mi carrera como senador y vicepresidente trabajando para aprobar leyes de armas de sentido común. No podemos evitar todas las tragedias, y no lo haremos, pero sabemos que las leyes funcionan y tienen un efecto positivo. Cuando aprobamos la prohibición de las armas de asalto, los tiroteos masivos disminuyeron. Cuando la ley caducó, los tiroteos masivos se triplicaron.

La idea de que un chico de 18 años pueda entrar en una tienda de armas y comprar dos armas de asalto es simplemente incorrecta.

En el nombre de Dios, ¿para qué necesitas un arma de asalto excepto para matar a alguien?

Los ciervos no corren por el bosque con chalecos antibalas, por el amor de Dios. Es una locura.

Los fabricantes de armas han pasado dos décadas comercializando enérgicamente armas de asalto que les otorgan la mayor ganancia.

Por el amor de Dios, debemos tener el coraje de enfrentar a la industria.

También sé esto: la mayoría de los estadounidenses apoyan las leyes de sentido común, las leyes de armas de sentido común.

Acabo de volver de mi viaje a Asia, donde me reuní con líderes asiáticos, y me enteré de lo sucedido mientras estaba en el avión. Lo que me llamó la atención en ese vuelo de 17 horas fue que este tipo de tiroteos masivos rara vez ocurren en otras partes del mundo.

¿Por qué? Tienen problemas de salud mental. Tienen disputas domésticas en otros países. Tienen personas que está perdida. Pero este tipo de tiroteos masivos no ocurren con la frecuencia que ocurren en Estados Unidos. ¿Por qué?

¿Por qué estamos dispuestos a convivir con esta masacre? ¿Por qué seguimos dejando que esto suceda? ¿Dónde, en el nombre de Dios, está nuestra fuerza para tener el coraje de hacernos cargo y enfrentar a los lobbies?

Es hora de convertir este dolor en acción.

Para todos los padres, para todos los ciudadanos de este país, tenemos que dejar esto en claro a todos los funcionarios electos del país: es hora de actuar.

Es hora: para aquellos que obstruyen, retrasan o bloquean las leyes de armas de sentido común, debemos comunicarles que no lo olvidaremos.

Podemos hacer mucho más. Debemos hacer más.

Nuestras oraciones esta noche son por esos padres que, al acostarse en la cama, se preguntan: “¿Podré volver a dormir? ¿Qué les diré a mis otros hijos? ¿Qué pasará mañana?”.

Que Dios bendiga las almas inocentes que se perdieron en este día triste. Que el Señor esté cerca de los quebrantados de corazón y salve a los que tienen el espíritu abatido, porque necesitarán mucha ayuda y muchas de nuestras plegarias.

Dios los ama.

8:48 p.m. EDT

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