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Declaraciones del Presidente Barack Obama Ceremonia de firma del nuevo Tratado START

Castillo de Praga
Praga, República Checa

12:37 P.M. CEST

PRESIDENTE OBAMA: Buenos días a todos. Es un honor para mí estar aquí de nuevo en la República Checa con el Presidente Medvedev y nuestros anfitriones checos para conmemorar la histórica finalización del nuevo Tratado START.
 
Permítanme comenzar por decir que es un placer volver a estar en la bella ciudad de Praga. La República Checa, por supuesto, es una buena amiga y aliada de Estados Unidos. Tengo mucho afecto y admiración por los checos. Sus vínculos con el pueblo estadounidense son profundos y perdurables, y los checos han hecho grandes aportes a los Estados Unidos durante muchas décadas, lo que incluye a mi ciudad, Chicago. Quiero agradecerle al Presidente y a todos los que han sido parte de ayudar a organizar este extraordinario evento.

Quiero darle las gracias a mi amigo y socio, Dmitry Medvedev. Sin sus esfuerzos personales y firme liderazgo, no estaríamos hoy aquí. Nos hemos reunido y hablado por teléfono muchas veces durante la negociación de este tratado, y como consecuencia, hemos forjado una relación de trabajo muy eficaz, basada en la franqueza, cooperación y respeto mutuo.
 
Esta semana se cumple un año desde que vine a Praga y pronuncié un discurso que describía el compromiso integral de Estados Unidos para detener la proliferación de armas nucleares e ir en pos del objetivo final de un mundo libre de ellas. Dije entonces –y lo repetiré ahora– que éste es un objetivo a largo plazo, uno que quizá incluso no se alcance mientras tenga vida. Pero consideraba entonces –como también ahora– que empeñarnos en alcanzar ese objetivo nos llevará más lejos aun de la Guerra Fría, reforzará el régimen mundial de no proliferación y hará que Estados Unidos y el mundo estén más seguros. Una de las medidas que propuse el año pasado fue que se realizara este tratado, por lo que me complace volver a estar hoy en Praga.
 
También asumí la presidencia comprometido a “reiniciar” la relación entre Estados Unidos y Rusia, y sé que el Presidente Medvedev comparte ese compromiso. Como dijo en nuestra primera reunión en Londres, nuestra relación había comenzado a irse a la deriva, lo que dificultaba la cooperación en asuntos de interés común para nuestros pueblos. Y cuando Estados Unidos y Rusia no pueden trabajar juntos en asuntos importantes, no es bueno para ninguna de nuestras naciones ni para el mundo.
 
Juntos, hemos revertido esa tendencia y hemos probado los beneficios de la cooperación. Hoy es un importante momento histórico para la seguridad nuclear y no proliferación, y para las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Cumple con nuestro objetivo común de negociar un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas. Incluye reducciones significativas en armas nucleares que emplazaremos. Disminuye nuestros vehículos vectores en aproximadamente la mitad. Incluye un régimen integral de verificación, que nos permite generar mayor confianza. Les da a ambas partes la flexibilidad para proteger nuestra seguridad, como también el compromiso inquebrantable de Estados Unidos con la seguridad de nuestros aliados europeos. Y estoy deseoso de trabajar con el Senado de Estados Unidos para lograr la ratificación de este importante tratado posteriormente este año.
 
Finalmente, este día demuestra la determinación de Estados Unidos y Rusia –los dos países que tienen más de 90 por ciento de las armas nucleares del mundo– a dedicarse al liderazgo mundial responsable. Juntos, estamos cumpliendo con nuestros compromisos conforme al Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, que debe ser la base de la no proliferación mundial.
 
Aunque este nuevo Tratado START es un importante avance, es apenas un paso en una larga travesía. Como dije el año pasado en Praga, este tratado preparará el terreno para mayores reducciones. Y esperamos de ahora en adelante tener conversaciones con Rusia sobre la reducción de nuestras armas estratégicas y tácticas, incluidas las armas no emplazadas.
 
El Presidente Medvedev y yo también hemos acordado ampliar nuestras conversaciones sobre defensa contra misiles. Esto incluirá el intercambio frecuente de información sobre nuestros análisis de amenazas, como también la conclusión de un análisis conjunto sobre misiles balísticos emergentes. Y estoy deseoso de iniciar, cuando se concluyan dichos análisis, un diálogo serio sobre la cooperación entre Rusia y Estados Unidos acerca de la defensa contra misiles.
 
Pero las armas nucleares no son un asunto que solamente les concierne a Estados Unidos y Rusia; amenazan la seguridad común de todas las naciones. Un arma nuclear en manos de un terrorista es un peligro para todos los pueblos, desde Moscú hasta Nueva York; desde las ciudades europeas hasta el sur de Asia. Entonces, la próxima semana, 47 países se congregarán en Washington para hablar sobre medidas concretas que se pueden tomar para garantizar la seguridad de todo material nuclear vulnerable alrededor del mundo en cuatro años.
 
Y la proliferación de armas nucleares a más estados también es un riesgo inaceptable para la seguridad mundial, que revive el espectro de una carrera armamentista desde el Oriente Medio hasta el Extremo Oriente. Esta semana, en Estados Unidos cambiamos formalmente nuestra política para dejar en claro que los países [sin] armas nucleares, las naciones que acatan el Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares y sus obligaciones de no proliferación, no se verán amenazadas por el arsenal nuclear de Estados Unidos. Esto demuestra, una vez más, el compromiso de Estados Unidos con el tratado como la piedra angular de nuestra estrategia de seguridad. Los países que siguen las reglas verán más seguridad y oportunidades. Los países que se rehúsan a cumplir con sus obligaciones serán aislados y se les negarán las oportunidades que provienen del reconocimiento internacional.
 
Eso incluye el rendimiento de cuentas por quienes infringen las reglas o de lo contrario, el tratado sería simplemente palabras en papel. Por eso, Estados Unidos y Rusia son parte de una coalición de países que están insistiendo en que la República Islámica de Irán enfrente consecuencias, porque han dejado de cumplir con sus obligaciones una y otra vez. Estamos trabajando con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que se aprueben firmes sanciones contra Irán. Y no toleraremos actos que hagan caso omiso del Tratado sobre No Proliferación, generen el peligro de una carrera armamentista en una región vital y amenacen la credibilidad de la comunidad internacional y nuestra seguridad colectiva.
 
Aunque estos asuntos encabezan nuestra lista de prioridades, son apenas un aspecto de la relación entre Estados Unidos y Rusia. Hoy, volví a expresar mi más sincero pésame por la terrible pérdida de vidas en Rusia en los recientes atentados terroristas, y seguiremos siendo firmes socios en la lucha contra el extremismo violento. También hablamos sobre el potencial de aumentar nuestra cooperación para fomentar el crecimiento económico, comercio e inversión, e innovación tecnológica, y estoy deseoso de hablar más de estos temas cuando el Presidente Medvedev visite Estados Unidos este año, pues podemos hacer mucho por el bien de nuestra seguridad y prosperidad si continuamos trabajando juntos.
 
Cuando uno examina los muchos desafíos que enfrentamos alrededor del mundo, es fácil sumirse en la apatía o abandonar la noción de que es posible compartir el progreso. Pero quiero repetir lo que dije el año pasado en Praga: Cuando las naciones y pueblos permiten que los definan sus diferencias, la brecha entre nosotros crece. Cuando no trabajamos por la paz, entonces permanece fuera de nuestro alcance para siempre.
 
Esta majestuosa ciudad de Praga es de muchas maneras un monumento al progreso humano. Y esta ceremonia es testimonio del hecho que antiguos adversarios pueden forjar nuevas alianzas. Hace unos días, me impactaron mucho las palabras de Arkady Brish, quien ayudó a construir la primera bomba atómica de la Unión Soviética. A los 92 años de edad, tras haber visto los horrores de una Guerra Mundial y las divisiones de una Guerra Fría, dijo, “Espero que la humanidad alcance a ver el momento en que no haya necesidad de armas nucleares, cuando haya paz y calma en el mundo”.
 
Es fácil acallar dichas voces. Pero si lo hacemos corremos el peligro de repetir los horrores del pasado y pasar por alto la historia del progreso humano. En el siglo XXI, los esfuerzos por la paz, calma y cooperación entre las naciones les compete tanto a los líderes como a los pueblos, pues debemos ser tan persistentes y fervientes en procurar el progreso como cualquiera que se interponga en nuestro camino.

Una vez más, Presidente Medvedev, gracias por su liderazgo extraordinario. (Aplausos.)