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Office of the Press Secretary

Declaraciones del Presidente Tras Promulgación de la Ley de Impulso Industrial

Salón Este
 
3:07 P.M. EDT
 
          EL PRESIDENTE: Gracias. Muchas gracias a todos. Por favor, tomen asiento.
 
Buenas tardes a todos. Bienvenidos a la Casa Blanca. Desde el día que asumí la presidencia, la principal prioridad de mi gobierno ha sido rescatar a nuestra economía de la crisis, reconstruirla sobre nuevas bases para lograr un crecimiento duradero y cada día hacer todo lo posible para ayudar a los estadounidenses cuya vida ha sido duramente afectada por una brutal recesión.
 
Ahora bien, sabíamos desde el principio que iba a tomar tiempo revertir el daño hecho por la peor crisis financiera y la peor recesión en varias generaciones; más tiempo de lo que queríamos. Y sabíamos que iba a requerir esfuerzo continuo en todos los frentes.
 
Los desafíos que enfrentamos se ven en los datos económicos que vemos desde la primavera pasada, cuando los sucesos en Europa perturbaron el mercado y generaron vientos desfavorables para nuestra recuperación económica. También los veo todos los días cuando hablo con gente de todo el país y en cartas que leo cada noche, historias de estadounidenses que todavía están buscando trabajo y hombres y mujeres que todavía tienen dificultad para expandir sus negocios y contratar en tiempos difíciles.
 
Y si bien ya hemos superado lo peor de esta recesión, todavía queda mucho por hacer. Todavía nos queda un largo camino por recorrer. Y estoy más decidido que nunca a hacer todo lo posible para acelerar nuestra recuperación económica y hacer que nuestra gente vuelva a trabajar. Por eso me complace promulgar hoy una ley que fortalecerá el sector industrial de Estados Unidos y los empleos estadounidenses. Y al hacerlo me acompañan dos miembros de mi equipo económico, el secretario de Comercio Gary Locke, un incansable defensor de la industria en Estados Unidos, y el embajador Ron Kirk, quien está haciendo un trabajo estupendo y acumulando millas como el representante comercial de Estados Unidos.
 
Pocos aspectos de nuestra economía se han visto tan afectados como el sector industrial, no sólo en los últimos años, sino en las últimas décadas. En todo el siglo XX, la producción industrial abrió las puertas a una vida mejor para varias generaciones de trabajadores estadounidenses. Fue el caldero donde se forjó nuestra clase media. Pero con el tiempo, los empleos se fueron esfumando. Las compañías aprendieron a hacer más con menos, y enviaban empleos al extranjero cada vez que podían. Otras naciones no siempre cumplieron con los acuerdos comerciales, y nosotros no siempre verificábamos su cumplimiento. Y en la última década, la fuerza laboral se redujo en 33 por ciento, y millones de esmerados y capaces estadounidenses se vieron forzados a dejar de trabajar, quedar inactivos como las fábricas en las que antes trabajaron. Esto ocurrió antes de que la reciente recesión los afectara a ellos y a millones de estadounidenses mas que ahora pasan dificultades que nunca imaginaron.
 
Y hay algunos que sostienen que esta caída es inevitable, que la única manera de que Estados Unidos progrese es abandonar a los trabajadores y comunidades del sector industrial. Yo no lo veo así. La respuesta no es dejar de fabricar, dejar de construir; la respuesta es hacerlo mejor, elevar la calidad y hacerlo aquí mismo en Estados Unidos. Reconstruiremos esta economía que sea más sólida que antes, y al centro de este esfuerzo habrá tres imponentes palabras: Made in America. (Hecho en Estados Unidos.)
 
Desde hace demasiado tiempo, compramos demasiado del resto del mundo, cuando deberíamos estar vendiendo más al resto del mundo. Por eso, en mi discurso sobre el Estado de la Nación, fijé una meta ambiciosa para este país. En los próximos cinco años, vamos a aumentar al doble nuestras exportaciones de bienes y servicios, un aumento que propiciará el crecimiento de nuestra economía y respaldará millones de empleos estadounidenses. Hay mucho que hacer para alcanzar esta meta. Nuestra economía está acostumbrada a comprar del extranjero y a no vender como necesita hacerlo. Pero es de vital importancia que revirtamos esa tendencia. Al fin y al cabo, 95 por ciento de los clientes del mundo y los mercados de mayor crecimiento del mundo están en el extranjero. Y cuando las condiciones sean equitativas, los trabajadores estadounidenses podrán competir con cualquiera. Y continuaremos compitiendo enérgicamente por cada empleo, por cada sector y por cada mercado existente.
 
Por eso luchamos por y logramos que se aprobaran créditos tributarios para compañías que están invirtiendo aquí en Estados Unidos en lugar de mantener sus ganancias en el extranjero. Por eso cerramos brechas legales que alentaban a las compañías a trasladar puestos estadounidenses al extranjero. Por eso estamos verificando el cumplimiento de nuestras leyes comerciales, en algunos casos, por primera vez. Por eso les dijimos a los fabricantes de autos estadounidenses que si tomaban las decisiones difíciles para competir en el futuro, Estados Unidos los respaldaría. Y por eso estamos invirtiendo en el sector de energía limpia y los empleos que ésta genera, empleos que pagan bien y llevan a Estados Unidos a un futuro más limpio, más seguro y más independiente en materia energética.
 
Ahora bien, estamos empezando a ver que algunas de estas inversiones están dando resultado. Lo he visto con mis propios ojos en fábricas donde los trabajadores estadounidenses ahora fabrican turbinas eólicas, paneles solares y componentes para las baterías avanzadas del mañana.
 
Lo he visto en las plantas automotrices que han sido reequipadas, donde trabajadores estadounidenses construyen autos y camiones de alta calidad y consumo más eficiente de combustible, que pueden competir mano a mano con cualquier otro del mundo. De hecho, por primera vez en más de cinco años, las tres grandes empresas automotrices no operan a pérdida, y el sector automotor ha generado 76,000 empleos desde junio pasado, el periodo más sólido de crecimiento laboral en más de 10 años.
 
Así que en general, el sector industrial en efecto ha generado 183,000 empleos en lo que va del año. En los últimos siete meses, se ha producido la mayor generación de empleo en el sector industrial en más de una década. En lugar de cerrar fábricas para abrirlas en el extranjero, hemos empezado a ver lo opuesto: un número cada vez mayor de compañías están abriendo fábricas aquí y contratando dentro del país.
 
Todavía no alcanzamos la meta a la que necesitamos llegar, pero estamos viendo buenas proyecciones. Y no podemos quedarnos aquí. Debemos continuar. Por eso he promulgado hoy una ley que les facilitará la vida a los fabricantes estadounidenses y a los trabajadores estadounidenses, para que hagan lo que mejor saben hacer: fabricar excelentes productos y venderlos en todo el mundo.
 
La Ley de Impulso Industrial 2010 (Manufacturing Enhancement Act of 2010) generará empleos, ayudará a las compañías estadounidenses a competir y fortalecerá la producción industrial, que es el motor clave de nuestra recuperación económica. Y funciona de la siguiente manera: Para fabricar sus productos, los industriales, algunos de los cuales están presentes hoy, a menudo tienen que importar ciertos materiales de otros países y pagar aranceles por esos materiales. Esta ley reducirá o eliminará algunos de esos aranceles, lo cual disminuirá significativamente los costos de las compañías estadounidenses en todo el sector industrial, desde autos hasta productos químicos; desde dispositivos médicos hasta equipo deportivo. Y eso impulsará la producción, respaldará buenos empleos en el país, y los consumidores estadounidenses verán precios más bajos.
 
Esta ley fue aprobada por ambas cámaras del Congreso con el apoyo abrumador de ambos partidos, y quiero agradecer a demócratas y republicanos por unirse por el bien de las empresas y trabajadores estadounidenses. Y antes de promulgar la ley, quiero aprovechar la oportunidad de alentar ese mismo espíritu bipartidista para otra medida que generará empleos y permitirá que Estados Unidos progrese.
 
El extraordinario crecimiento que hemos visto en el sector de energía limpia se debe sobre todo y ante todo al ímpetu empresarial de nuestras empresas y trabajadores. Pero también se debe al hecho que hemos invertido en ellos. Una de esas inversiones se dio a manera de créditos tributarios para la producción de energía limpia. Lo que les dijimos a las fábricas de energía limpia fue: si están dispuestas a poner el 70 por ciento del capital para un proyecto que merece la pena, nosotros ponemos el resto. Eso significa que por cada dólar que invertimos, generamos más de dos dólares de inversión privada.
 
El único problema que tenemos es que estos créditos generaron tanto interés que no había suficientes para todos. Más de 180 proyectos de energía limpia en más de 40 estados recibieron $2,300 millones en créditos tributarios, pero el programa fue tan exitoso, que recibimos 500 solicitudes que reunían los requisitos para $8,000 millones en créditos tributarios.
 
Creo que si una empresa estadounidense desea innovar, expandirse y generar empleos aquí mismo, en Estados Unidos, debemos darle el respaldo que necesita para ello. Por eso estamos exhortando el Congreso una vez más a que invierta $5,000 millones en estos créditos tributarios para la producción de energía limpia. Es una inversión que generará $12,000 millones o más en inversiones privadas y decenas de miles de empleos nuevos.
 
Y como lo dije antes, el país que gane la carrera de la economía de energía limpia será el líder económico del siglo XXI. Otras naciones lo saben. Vienen invirtiendo cantidades enormes en ese futuro. Quieren esos empleos. Pero Estados Unidos de América no desea el segundo puesto. Juega a ganar. Y ganaremos si nos movemos libres de politiquería, enfocados sólo en lo que se necesita hacer para lograr la meta.
 
Ésta es una idea que ya tiene apoyo bipartidista, pero la están postergando desde hace meses. Así que mi mensaje es claro: No impidan que se haga lo correcto por el bien de nuestra economía y nuestro futuro. Y no apuesten en contra del trabajador estadounidense, ni pierdan la fe en la industria estadounidense. Ésta es una nación que siempre se ha enorgullecido de lo que construye, y ése es el espíritu que llevará a la recuperación.
 
Hemos pasado por tiempos difíciles en ocasiones anteriores, y fue precisamente en esas épocas que reconstruimos, reequipamos, aprovechamos el ingenio y la fortaleza que hace de ésta una gran nación. Fue así que nuestros predecesores forjaron el primer siglo estadounidense. Será así que forjaremos el próximo. Y con ese espíritu, promulgaré esta ley. Muchas gracias a todos. (Aplausos.) 
 
(Se promulgó la ley.)
 
                   FIN

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