Capitolio de Estados Unidos
(28 de abril de 2021)

21:06 horas (hora de Washington D.C.)

Es bueno estar de vuelta. Como comprenderán Mitch [McConnell] y Chuck [Schumer], es bueno estar casi en casa, al final del pasillo.

En cualquier caso, gracias a todos. Señora presidenta de la Cámara, señora vicepresidenta. Ningún presidente ha dicho nunca esas palabras desde este estrado. Ningún presidente ha dicho nunca esas palabras, y ya es hora.

La primera dama. Yo soy su esposo. Segundo caballero, presidente del Tribunal Supremo, miembros del Congreso de los Estados Unidos y del Gobierno, distinguidos invitados, mis compatriotas estadounidenses: aunque el escenario de esta noche es familiar, esta reunión es un poco diferente, un recordatorio de los tiempos extraordinarios en los que nos encontramos.

A lo largo de nuestra historia, los presidentes han venido a esta cámara para dirigirse al Congreso, a la nación y al mundo, para declarar la guerra, para celebrar la paz, para anunciar nuevos planes y posibilidades. Esta noche, vengo a hablar de crisis y de oportunidades. Sobre la reconstrucción de una nación, la revitalización de nuestra democracia y la conquista del futuro para Estados Unidos.

Estoy aquí esta noche, a un día de cumplirse los 100 días de mi administración. Cien días desde que presté juramento al cargo y levanté la mano de nuestra biblia de familia, y heredé una nación, como todos heredamos, en crisis. La peor pandemia en un siglo, la peor crisis económica desde la Gran Depresión, el peor ataque a nuestra democracia desde la Guerra Civil.

Ahora, después de sólo 100 días, puedo informar a la nación que Estados Unidos está en movimiento de nuevo.

Convirtiendo el peligro en posibilidad, la crisis en oportunidad, el revés en fuerza. Todos sabemos que la vida puede derribarnos, pero en Estados Unidos nunca, nunca, jamás, nos quedamos abajo. Los estadounidenses siempre nos levantamos. Y hoy, eso es lo que estamos haciendo: Estados Unidos se levanta de nuevo, eligiendo la esperanza sobre el miedo, la verdad sobre la mentira y la luz sobre la oscuridad.

Tras 100 días de rescate y renovación, Estados Unidos está listo para despegar, desde mi punto de vista. Estamos trabajando de nuevo, soñando de nuevo, descubriendo de nuevo y liderando el mundo de nuevo. Nos hemos demostrado unos a otros, y al mundo que en Estados Unidos no nos rendimos, nunca. Hace 100 días, la casa estadounidense estaba en llamas. Teníamos que actuar. Y gracias al extraordinario liderazgo de la presidenta de la Cámara [Nancy] Pelosi y del líder de la mayoría Schumer, y con el abrumador apoyo del pueblo estadounidense: demócratas, independientes y republicanos; actuamos.

Juntos, aprobamos el “Plan de rescate estadounidense”. Uno de los paquetes de rescate más importantes de la historia de Estados Unidos. Ya estamos viendo los resultados.

Ya estamos viendo los resultados. Después de que prometí que habríamos puesto 100 millones de pinchazos de vacunas contra COVID-19 en los brazos de la población en 100 días, hemos proporcionado más de 220 millones de vacunas contra COVID en esos 100 días. Gracias a la ayuda de todos ustedes. Estamos aunando, con su ayuda, con la ayuda de todos, estamos aunando todos los recursos federales.

Hemos llevado la vacuna a casi 40.000 farmacias y a más de 700 centros de salud comunitarios donde los más pobres de entre los pobres pueden llegar. Estamos estableciendo centros de vacunación comunitarios, desplegando unidades móviles en zonas de difícil acceso. En la actualidad, el 90 % de los estadounidenses viven a menos de cinco millas de un centro de vacunación. Todos los mayores de 16 años, todos, son ahora elegibles y pueden vacunarse de inmediato. De inmediato [aplauso].

Así que vayan a vacunarse, estadounidenses. Salgan y pónganse la vacuna. Está disponible. Ahora ustedes son elegibles. Cuando tomé posesión el 20 de enero, menos del 1 % de los ancianos de Estados Unidos estaban totalmente vacunados contra COVID-19. Cien días después, casi el 70 % de las personas mayores de 65 años en Estados Unidos están protegidas, totalmente protegidas. Los fallecimientos de ancianos por COVID-19 se han reducido en un 80 % desde enero, han bajado un 80 % gracias a todos ustedes.

Y, más de la mitad de todos los adultos en Estados Unidos han recibido al menos una inyección. En un centro de vacunación en masa en Glendale (Arizona), le pregunté a una enfermera, le dije ¿cómo se siente? Me miró y dijo, “es como que cada inyección es una dosis de esperanza”. Esa fue su expresión, “una dosis de esperanza”.

Una dosis de esperanza para la educadora de Florida que tiene un hijo que padece una enfermedad autoinmune. Me escribió que estaba preocupada, preocupada por que podía llevar el virus a su casa.  Dijo que cuando se vacunó, en un gran centro en su auto, se sentó en su auto y simplemente lloró. Lloró de alegría y lloró de alivio.

Los padres están viendo sonrisas en los rostros de sus hijos al volver a la escuela porque los maestros y los conductores de los autobuses escolares, los trabajadores de la cafetería, han sido vacunados.

Los abuelos, abrazan a sus hijos y nietos en lugar de apretar las manos contra la ventana para despedirse, significa todo. Estas cosas significan todo. Saben, todavía, todos lo saben mejor que ningún otro grupo de estadounidenses, todavía queda trabajo por hacer, para vencer a este virus. No podemos bajar la guardia ahora.

Pero esta noche puedo decir que gracias a ustedes, el pueblo estadounidense, nuestro progreso en estos últimos 100 días contra una de las peores pandemias de la historia es uno de los mayores logros logísticos, logros logísticos, que este país haya visto nunca. ¿Qué más hemos hecho en estos primeros 100 días?

Hemos cumplido nuestro compromiso, demócratas y republicanos, de enviar cheques de rescate por valor de 1.400 dólares al 85 % de los hogares estadounidenses. Ya hemos enviado más de 160 millones de cheques. Está marcando la diferencia. Todos ustedes lo saben, cuando van a sus hogares. Para muchas personas, está marcando toda la diferencia del mundo.

Una madre soltera en Texas me escribió, decía que no podía trabajar. Pero dijo que este cheque de ayuda puso alimentos en la mesa y la salvó a ella y a su hijo del desahucio de su apartamento. Una abuela de Virginia me dijo que llevó inmediatamente a su nieta al oftalmólogo, algo que había pospuesto durante meses porque no tenía dinero. Una de las imágenes que definen esta crisis, al menos desde mi perspectiva, es la de los autos alineados, autos alineados a lo largo de varias millas.

Y no, no personas que apenas pueden encender esos autos, autos buenos, alineados por millas. Esperando a que les pongan una caja de comida en el maletero. No sé ustedes, pero, ¿nunca pensé que vería eso en Estados Unidos?

Por eso, el “Plan de rescate estadounidense” está entregando alimentos y asistencia nutricional a millones de estadounidenses que pasan hambre, y el hambre ya ha disminuido considerablemente. También estamos proporcionando asistencia para el alquiler, todos ustedes saben esto, pero el pueblo estadounidense, quiero asegurarme de que lo entienda, para evitar que la gente sea desalojada de sus hogares, y estamos proporcionando préstamos para mantener las pequeñas empresas abiertas y sus empleados trabajando.

Durante estos 100 días, otros 800.000 estadounidenses se inscribieron en la Ley de cuidado de salud asequible porque establecí un periodo especial de inscripción para hacerlo. Ochocientos mil en ese período de tiempo. Estamos haciendo una de las mayores inversiones únicas de la historia para mejorar la atención sanitaria a los veteranos. Inversiones críticas para hacer frente a la crisis de los opioides. Y, tal vez lo más importante, gracias al Plan de rescate estadounidense, estamos en camino de reducir la pobreza infantil en Estados Unidos a la mitad este año.

En el proceso, mientras todo esto ocurría, la economía creó más de 1.300.000 nuevos empleos en 100 días. Más empleos nuevos en los primeros 100 días que se haya registrado por cualquier otro presidente.

El Fondo Monetario Internacional calcula ahora que nuestra economía crecerá a un ritmo superior al 6 % este año. Ese será el ritmo más rápido de crecimiento económico en este país en casi cuatro décadas.

Estados Unidos se está moviendo. Avanzando. Y no podemos parar ahora. Estamos compitiendo con China y otros países para ganar el siglo XXI. Estamos en un gran punto de inflexión en la historia. Tenemos que hacer algo más que solo reconstruir mejor, reconstruir, tenemos que reconstruir mejor, tenemos que competir con más fuerza de lo que lo hemos hecho.

A lo largo de nuestra historia, si lo piensan, las inversiones públicas en infraestructura han transformado Estados Unidos literalmente. Nuestras actitudes además de nuestras  oportunidades. El ferrocarril transcontinental y las autopistas interestatales unieron dos océanos y nos llevaron a una era de progreso totalmente nueva en los Estados Unidos de América.

La escuela pública universal y las ayudas para la universidad abrieron de par en par las puertas de las oportunidades. Los avances científicos nos llevaron a la Luna y ahora a Marte, descubrieron las vacunas y nos dieron Internet y mucho más.

Estas son las inversiones que hacemos juntos, como un país, inversiones que sólo el gobierno está en posición de hacer. Una y otra vez, nos impulsan hacia el futuro. Por eso propuse el “Plan de empleo estadounidense”, una inversión única en una generación en los propios Estados Unidos. Este es el mayor plan de empleo desde la Segunda Guerra Mundial. Crea puestos de trabajo para modernizar nuestra infraestructura de transporte. Puestos de trabajo modernizando carreteras, puentes y autopistas.

Empleos construyendo puertos y aeropuertos, corredores ferroviarios y líneas de tránsito. Es agua limpia. Hoy en día en Estados Unidos hasta 10 millones de hogares y más de 400.000 escuelas y guarderías tienen tuberías con plomo, incluso para el agua potable. Un peligro claro y presente para la salud de nuestros hijos. El “Plan de empleo estadounidense” crea puestos de trabajo para sustituir el 100 % de las tuberías y líneas de servicio de plomo del país, para que todos los estadounidenses puedan beber agua limpia.

En el proceso, se crearán miles y miles de puestos de trabajo bien remunerados. Crea empleos para conectar a todos los estadounidenses con Internet de alta velocidad, incluido el 35 % de los estadounidenses de zonas rurales que aún no tienen. Esto ayudará a nuestros hijos y a las empresas a tener éxito en la economía del siglo XXI. Y le estoy pidiendo a la vicepresidenta que lidere este esfuerzo, si lo desea, porque sé que lo cumplirá.

Crea puestos de trabajo construyendo una red eléctrica moderna. Nuestras redes son vulnerables a las tormentas, a piratas informáticos, a los fallos catastróficos con resultados trágicos como hemos visto en Texas y en otros lugares durante las tormentas de invierno. El “Plan de empleo estadounidense” creará puestos de trabajo para tender miles de millas de líneas de transmisión necesarias para construir una red resistente y totalmente limpia. Podemos hacer eso.

Miren, el “Plan de empleo estadounidense” ayudará a millones de personas a recuperar sus puestos de trabajo y sus carreras. Dos millones de mujeres han abandonado la fuerza de trabajo durante esta pandemia, 2 millones. Y con demasiada frecuencia porque no podían conseguir los cuidados que necesitaban para su hijo o el cuidado para uno de sus padres mayores que necesitaba ayuda.

Ochocientas mil familias están ahora mismo en una lista de espera de Medicare para conseguir asistencia domiciliaria para sus padres mayores o un ser querido con discapacidad. Si alguno de ustedes piensa que no es importante, examine su propio distrito. Demócrata o republicano. Votante demócrata o republicano, su gran preocupación, tanto como sus hijos, es cuidar de un anciano querido que no puede estar solo.

Medicaid lo contempla, pero este plan ayudará a estas familias y creará puestos de trabajo para nuestros cuidadores con mejores salarios y mejores beneficios, continuando un ciclo de crecimiento.

Durante demasiado tiempo, no hemos utilizado la palabra más importante cuando se trata de hacer frente a la crisis climática: Empleos, empleos, empleos.

Para mí, cuando pienso en el cambio climático, pienso en puestos de trabajo. El “Plan de empleo estadounidense” pondrá a ingenieros y trabajadores de la construcción a trabajar en la construcción de edificios y casas más eficientes energéticamente. Trabajadores del sector eléctrico instalarán 500.000 estaciones de carga a lo largo de nuestras carreteras para que podamos tener nuestro propio mercado de autos eléctricos. Agricultores plantando cultivos de cobertura, para poder reducir el dióxido de carbono en el aire y que se les pague por hacerlo.

Miren, piénsenlo. No hay ninguna razón por la que las hélices de las turbinas eólicas no puedan construirse en Pittsburgh en lugar de en Pekín. No hay razón ninguna. Ninguna razón. Así que amigos, no hay razón para que los trabajadores estadounidenses no puedan liderar el mundo en la producción de vehículos eléctricos y baterías. Quiero decir, no hay ninguna razón. Tenemos esta capacidad, Tenemos la población más inteligente y mejor capacitada del mundo.

El “Plan de empleo estadounidense” creará millones de puestos de trabajo bien remunerados, empleos con los que los estadounidenses podrán criar a sus familias, como diría mi padre entonces, “con un poco de espacio para respirar”. Y todas las inversiones del “Plan de empleo estadounidense” se guiarán por un principio: Comprar productos estadounidenses. Comprar productos estadounidenses. Y permítanme decir a modo de paréntesis, que eso no viola ningún acuerdo comercial. Ha sido ley desde la década de 1930: comprar productos estadounidenses. El dinero de los impuestos de los estadounidenses se utilizará para comprar productos estadounidenses hechos en Estados Unidos para crear puestos de trabajo estadounidenses. Así debe ser y así será en esta administración.

Y se lo he dejado claro a todos los miembros de mi gabinete. Su capacidad para dar exenciones ha sido fuertemente limitada. Serán productos estadounidenses. Ahora bien, sé que algunos de ustedes en sus casas se preguntan si estos empleos son para ustedes. Muchos de ustedes, mucha de la gente con la que crecí, sienten que fueron dejados atrás y olvidados en una economía que está cambiando rápidamente que da miedo.

Permítanme dirigirme directamente a ustedes, porque están pensando en eso. Eso es lo que más preocupa a la gente: ¿Puedo encajar? Expertos independientes consideran que el “Plan de empleo estadounidense” añadirá millones de puestos de trabajo y billones de dólares de crecimiento económico en los próximos años. Es un programa de ocho años. Se trata de puestos de trabajo bien remunerados que no pueden ser subcontratados. Casi el 90 % de los empleos de infraestructura creados en el “Plan de empleo estadounidense” no requieren de un título universitario. El 75 % no requiere ni de un título asociado.

El “Plan de empleo estadounidense” son los planos para que trabajadores construyan Estados Unidos. Eso es lo que es. Y reconoce algo que siempre he dicho en esta cámara y en otras: Hay buenos hombres y mujeres en Wall Street, pero Wall Street no construyó este país. La clase media construyó este país. Y los sindicatos construyeron la clase media.

Por eso pido al Congreso que apruebe la Ley de protección del derecho a la organización laboral, la “Ley PRO”, y que la envíe a mi escritorio para que podamos apoyar el derecho a sindicarse.

Y por cierto, mientras piensan en enviar cosas a mi escritorio, subamos el salario mínimo a 15 dólares. Nadie,  nadie que trabaje 40 horas a la semana, nadie que trabaje 40 horas a la semana, debería vivir por debajo del umbral de la pobreza.

Tenemos que asegurar una mayor equidad y oportunidad para la mujer. Y mientras lo hacemos, llevemos también a mi mesa la Ley de equidad salarial. La igualdad salarial. Ha pasado demasiado tiempo.

Y si se preguntan si es demasiado tiempo, miren detrás de ustedes.

Y, por último, el Plan de empleo estadounidense supondrá el mayor incremento en investigación y desarrollo no relacionado con la defensa que se haya registrado. Veremos más cambios tecnológicos, y algunos de ustedes saben más de esto que yo. Veremos más cambios tecnológicos en los próximos 10 años que en los últimos 50. Así de rápido está cambiando la inteligencia artificial y muchas otras cosas.

Y nos estamos quedando atrás en la competencia con el resto del mundo. Hace décadas, solíamos invertir el 2 % de nuestro producto interno bruto en Estados Unidos, el 2 % de nuestro producto interno bruto en investigación y desarrollo. Hoy, Sr. Secretario, eso es menos del 1 %. China y otros países se están acercando rápidamente. Tenemos que desarrollar y dominar los productos y tecnologías del futuro, las baterías avanzadas, la biotecnología, los chips de computadora, la energía limpia.

El secretario de Defensa puede decirles, y aquellos de ustedes que trabajan en temas de seguridad nacional lo saben, que el Departamento de Defensa tiene una agencia llamada DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa. Creada por personas antes de que yo llegara aquí, y de eso hace ya mucho tiempo, para desarrollar avances que mejoren nuestra seguridad nacional. Ese es su único trabajo.

Y es una agencia semiseparada. Está bajo el Departamento de Defensa. Ha llevado a todo, desde el descubrimiento de Internet hasta el GPS y mucho más. Ha mejorado nuestra seguridad. Los Institutos Nacionales de Salud, los NIH, creo que deberían crear una agencia de proyectos de investigación avanzada similar para la salud.

Y esto es lo que haría. Tendría un propósito singular: desarrollar avances para prevenir, detectar y tratar enfermedades como el Alzheimer, la diabetes y el cáncer. Nunca olvidaré cuando aprobamos la propuesta sobre el cáncer en el último año en que fui vicepresidente, casi 9 millones de dólares destinados a los NIH.

Y si me disculpan el punto de privilegio personal, nunca olvidaré que te pusiste de pie, Mitch, y dijiste, ponle el nombre del hijo fallecido. Significó mucho. Pero muchos de nosotros tenemos hijos, hijas y familiares fallecidos que murieron de cáncer. No puedo pensar en una inversión más digna.

No conozco nada que sea más bipartidista, así que acabemos con el cáncer tal y como lo conocemos. Está dentro de nuestra capacidad. Podemos hacerlo.

Las inversiones en puestos de trabajo e infraestructuras como las que estamos hablando han contado a menudo con apoyo bipartidista en el pasado. La vicepresidenta Harris y yo nos reunimos habitualmente en el Despacho Oval con demócratas y republicanos para dialogar sobre el plan de empleo. Y aplaudo a un grupo de senadores republicanos que acaban de presentar su propia propuesta. Así que vamos a trabajar. Quería exponer ante el Congreso mi plan antes de entrar en conversaciones profundas.

Me gusta reunirme con quienes tienen ideas diferentes, que creen que son mejores. Esas ideas son bienvenidas. Pero el resto del mundo no nos está esperando. Sólo quiero dejar claro que, desde mi punto de vista, no hacer nada no es una opción.

Miren, no podemos estar tan ocupados compitiendo entre nosotros que olvidemos la competencia que tenemos con el resto del mundo para ganar el siglo XXI. Como puede decirles el secretario Blinken, pasé mucho tiempo con el presidente Xi, viajé más de 17.000 millas con él, pasé más de 24 horas en conversaciones privadas con él. Cuando me llamó para felicitarme, tuvimos una conversación de dos horas.

Se toma muy en serio la idea de convertirse en la nación más importante y con mayor repercusión en el mundo. Él y otros, autócratas, piensan que la democracia no puede competir en el siglo XXI con las autocracias porque se tarda demasiado en conseguir el consenso. Para ganar esa competencia por el futuro, en mi opinión, también tenemos que hacer una inversión única en nuestras familias y nuestros hijos.

Por eso he presentado esta noche el “Plan de las familias estadounidenses”, que aborda cuatro de los mayores desafíos a los que se enfrentan las familias estadounidenses y, a su vez, Estados Unidos. El primero es el acceso a una buena educación. Cuando este país hizo universales los 12 años de educación pública en el siglo pasado, nos convirtió en la nación mejor formada y mejor preparada del mundo. Es, considero, la razón más importante que nos impulsó hasta donde llegamos en el siglo XX. Pero el mundo se ha puesto al día o se está poniendo al día. No están esperando.

Diría, entre paréntesis, que si nos sentáramos, juntáramos una comisión bipartidista y dijéramos, bien, vamos a decidir qué hacemos en cuanto a que el gobierno proporcione educación gratuita. Me pregunto si pensaríamos, como hicimos en el siglo XX, que 12 años son suficientes en el siglo XXI. Lo dudo. Doce años ya no son suficientes hoy para competir con el resto del mundo en el siglo XXI.

Por eso el Plan de las familias estadounidenses garantiza cuatro años más de educación pública para cada persona en Estados Unidos, empezando tan pronto como podamos.

Añadimos dos años de educación preescolar universal de alta calidad para cada niño de 3 y 4 años, sin importar su procedencia, lo que les pone en situación de poder competir hasta los 12 años y aumenta exponencialmente sus posibilidades de graduarse y seguir adelante.

Las investigaciones demuestran que cuando un niño pequeño va a la escuela, y no a la guardería, tiene muchas más probabilidades de graduarse en la secundaria y de ir a la universidad, o de hacer algo después de la secundaria. Cuando se añaden dos años de colegio comunitario gratuito además, se empieza a cambiar la dinámica. Podemos hacerlo.

Y aumentaremos las becas Pell e invertiremos en universidades y colegios universitarios históricos negros, colegios tribales, instituciones que atienden a las minorías. La razón es que no tienen las dotaciones, pero sus estudiantes son igual de capaces de aprender sobre seguridad cibernética, igual de capaces de aprender sobre metalurgia, todas las cosas que están pasando que proporcionan esos puestos de trabajo del futuro. Jill es profesora en un colegio comunitario que enseña hoy, siendo primera dama.

Hace tiempo que ha venido diciendo… si lo he oído una vez, lo he oído mil veces: “Joe, cualquier país que nos supere en educación nos va a superar”. Ella estará muy involucrada en liderar este esfuerzo. Gracias, Jill. La segunda cosa que necesitamos, el Plan de familias estadounidenses, proporcionará acceso a cuidados de guardería infantil de calidad y asequibles.

Lo que propongo en la legislación: garantizamos que las familias de ingresos bajos y medios no paguen más del 7 % de sus ingresos por una atención de alta calidad para niños de hasta 5 años. Las familias trabajadoras con más dificultades no tendrán que gastar ni un centavo. En tercer lugar, el Plan de familias estadounidenses proporcionará por fin hasta 12 semanas de licencia pagada y licencia médica, licencia médica familiar.

Nadie debería tener que elegir entre un trabajo y un sueldo o cuidar de sí mismo y de sus seres queridos o de sus padres o cónyuges o hijos. Y, en cuarto lugar, el Plan familiar estadounidense llega directamente a los bolsillos de millones de estadounidenses. En marzo, ampliamos la desgravación fiscal por cada hijo de una familia, hasta 3.000 dólares por hijo si es menor [mayor] de seis años, quiero decir, disculpen, mayor de seis años, y 3.600 dólares para los niños mayores [menores] de seis años. Con dos padres, dos niños, eso son 7.200 dólares en los bolsillos que van a ayudar a cuidar de su familia. Y eso ayudará a más de 65 millones de niños y contribuirá a reducir la pobreza en el cuidado infantil a la mitad.

Y nos lo podemos permitir. Así lo hicimos en la última ley que aprobamos. Pero extendamos ese crédito fiscal para el cuidado infantil al menos hasta finales de 2025. El Plan de rescate estadounidense redujo las primas de la atención médica para 9 millones de estadounidenses que compran su cobertura bajo la Ley del cuidado de salud asequible.

Sé que eso es muy popular en este lado del pasillo [risas]. Pero hagamos que esa disposición sea permanente para que sus primas no vuelvan a subir.

Además de mi plan para las familias, voy a trabajar con el Congreso para abordar este año otras prioridades críticas para las familias estadounidenses. La Ley del cuidado de salud asequible ha sido un salvavidas para millones de estadounidenses, protegiendo a las personas con enfermedades preexistentes y protegiendo la salud de la mujer. Y la pandemia ha demostrado lo mucho, muchísimo, que se necesita. Reduzcamos los deducibles para las familias trabajadoras en la Ley asequible, la Ley del cuidado de salud asequible. Y bajemos los costos de los medicamentos recetados.

Sabemos cómo hacerlo. El último presidente tenía ese objetivo. Todos sabemos lo escandalosamente caros que son los medicamentos en Estados Unidos. De hecho, pagamos los precios más altos de los medicamentos recetados de todo el mundo, aquí mismo en Estados Unidos. Casi el triple por el mismo medicamento, casi el triple de lo que pagan otros países.

Tenemos que cambiar eso. Y podemos hacerlo. Hagamos lo que hemos hablado durante todos los años que estuve aquí en este órgano, en el Congreso. Démosle a Medicare el poder de ahorrar cientos de miles de millones de dólares negociando precios más bajos para los medicamentos.

Y, por cierto, no sólo… no sólo ayudará a los beneficiarios de Medicare. Reducirá los costes de los medicamentos recetados para todos. Y el dinero que ahorramos, que son miles de millones de dólares, puede destinarse a fortalecer la Ley del cuidado de salud asequible y ampliar los beneficios de Medicare sin que les cueste a los contribuyentes un centavo adicional. Está en nuestra mano hacerlo. Hagámoslo ahora.

Ya hemos hablado lo suficiente, demócratas y republicanos. Hagámoslo este año. Se trata de una premisa simple: la atención médica debe ser un derecho, no un privilegio en Estados Unidos.

Entonces, ¿cómo pagamos mis trabajos y mi plan familiar? Lo he dejado claro, podemos hacerlo sin aumentar el déficit. Empecemos por lo que no haré. No impondré ningún aumento de impuestos a las personas que ganan menos de 400.000 dólares. Pero es hora de que las empresas estadounidenses y el 1 % más acaudalado de los estadounidenses empiecen a pagar su parte justa. Sólo su parte justa.

A veces tengo discusiones con mis amigos del partido demócrata. Creo que debes poder hacerte multimillonario y millonario, pero pagando tu parte justa. Un estudio reciente muestra que 55 de las mayores corporaciones del país no pagaron impuestos federales el año pasado. Esas 55 corporaciones obtuvieron más de 40.000 millones de dólares de ganancias.

Muchas empresas también evadieron impuestos a través de paraísos fiscales en Suiza, Bermudas y las Islas Caimán. Y se benefician de lagunas fiscales y deducciones, para deslocalizar puestos de trabajo y trasladar los beneficios al extranjero. No está bien. Vamos a reformar el impuesto de sociedades para que paguen lo que les corresponde y ayuden a pagar las inversiones públicas de las que se beneficiarán también sus empresas.

Vamos a recompensar el trabajo, no sólo la riqueza. Llevamos el tramo tributario más alto para el 1 % de los estadounidenses más acaudalados, los que ganan más de 400.000 dólares o más, hasta donde estaba cuando George W. Bush era presidente, cuando empezó, el 39,6 %.

Ahí es donde estaba cuando George W. era presidente. Vamos a eliminar las lagunas fiscales que permiten a los estadounidenses que ganan más de un millón de dólares al año pagar un tipo impositivo más bajo sobre sus ganancias de capital que los estadounidenses que reciben una nómina. Con esa medida sólo vamos a afectar a tres décimos del 1 % de todos los estadounidenses. Tres décimos del 1 %.

Y el IRS (Departamento de Hacienda) va a tomar medidas contra los millonarios y multimillonarios que hacen trampas en sus impuestos. Se calcula en miles de millones de dólares por los grupos de expertos de izquierda, derecha y centro. No pretendo castigar a nadie. Pero no añadiré una carga fiscal, una carga fiscal adicional a la clase media de este país. Ya están pagando bastante.

Creo que lo que propongo es justo. Es fiscalmente responsable. Y recauda ingresos para pagar los planes que propongo y creará millones de puestos de trabajo que harán crecer la economía y mejorarán nuestra posición financiera en el país. Cuando oigan a alguien decir que no quiere subir los impuestos al 1 % más rico o a las empresas estadounidenses, pregúntenle de quién quieren subir los impuestos. En cambio, ¿a quiénes se los vamos a recortar?

Miren, el gran recorte de impuestos de 2017, recuerdan que se suponía que se pagaría por sí mismo. Así fue como se vendió. Y generaría un gran crecimiento económico. En lugar de eso, añadió 2 billones de dólares al déficit. Fue una enorme ganancia inesperada para las corporaciones estadounidenses y los que están en la cima.

En lugar de utilizar el ahorro fiscal para aumentar los salarios e invertir en investigación y desarrollo, vertió miles de millones de dólares en los bolsillos de los directores ejecutivos. De hecho, la brecha salarial entre los directores ejecutivos y sus trabajadores es ahora una de las mayores de la historia. Según un estudio, los directores ejecutivos ganan 320 veces lo que gana el trabajador medio de su empresa, antes estaba en el… por debajo de 100. La pandemia sólo ha empeorado las cosas. 20 millones de estadounidenses perdieron su empleo en la pandemia, estadounidenses de clase media y trabajadora.

Al mismo tiempo, aproximadamente 650 multimillonarios en Estados Unidos vieron aumentar su patrimonio neto en más de 1 billón de dólares, en el mismo periodo exacto. Permítanme repetirlo: 650 personas aumentaron su riqueza en más de 1 billón de dólares durante esta pandemia. Y ahora tienen más de 4 billones de dólares.

Mis compatriotas estadounidenses, la economía del goteo nunca ha funcionado, y es hora de hacer crecer la economía desde abajo y desde el centro hacia afuera.

Saben, hay un amplio consenso de los economistas de izquierda, derecha y centro, y están de acuerdo en que lo que propongo ayudará a crear millones de empleos y generará un crecimiento económico histórico. Estas son algunas de las inversiones de mayor valor que podemos hacer como país. A menudo he dicho que nuestra mayor fuerza es el poder de nuestro ejemplo, no sólo el ejemplo de nuestro poder.

En mis conversaciones con líderes mundiales, y he hablado con más de 38, 40 de estos hasta ahora, lo he dejado claro. He dejado claro que Estados Unidos está de vuelta. Y, ¿saben que dicen?, el comentario que más escucho de casi todos es: “Vemos que Estados Unidos está de vuelta, pero ¿por cuánto tiempo?, pero ¿por cuánto tiempo?”

Mis compatriotas estadounidenses, tenemos que demostrar no sólo que hemos vuelto, sino que estamos aquí para quedarnos. Y que no vamos a hacerlo solos.

Vamos a hacerlo liderando con nuestros aliados. Ningún país puede hacer frente solo a todas las crisis de nuestro tiempo, desde el terrorismo a la proliferación nuclear, migraciones masivas, ciberseguridad, cambio climático y, la experiencia, lo que estamos experimentando ahora con las pandemias.

No hay un muro lo suficientemente alto como para mantener alejado cualquier virus. A medida que nuestro propio suministro de vacunas aumente para satisfacer nuestras necesidades, y las estamos satisfaciendo, nos convertiremos en un arsenal de vacunas para otros países, al igual que Estados Unidos fue el arsenal de la democracia en la Segunda Guerra Mundial.

La crisis climática tampoco es nuestra única lucha. Es una lucha global. Estados Unidos representa, como todos ustedes saben, menos del 15 % de las emisiones de carbono. El resto del mundo representa el 85 %.

Por eso mantuve mi compromiso de reincorporarnos al Acuerdo Climático de París en mi primer día en el cargo.

Y mantuve mi compromiso de convocar una cumbre sobre el clima aquí mismo, en Estados Unidos, con todas las principales economías del mundo, desde China y Rusia hasta la India y la Unión Europea, en mis primeros 100 días. Y quería ser muy contundente al respecto.

Intenté asegurarme de que el mundo viera que hay consenso en que estamos en un punto de inflexión en la historia. El consenso es que si actuamos para salvar el planeta podemos crear millones de puestos de trabajo y crecimiento económico y oportunidades para elevar el nivel de vida de casi todos en el mundo. Si observaron parte de la cumbre, y estaban todos ocupados, seguramente no tenían mucho tiempo, pero eso es lo que prácticamente dijeron todos los países, incluso los que no están haciendo la parte justa que les corresponde.

Las inversiones que he propuesto esta noche también promueven una política exterior, desde mi punto de vista, que beneficia a la clase media. Eso significa asegurarse de que todas las naciones cumplen con las mismas reglas en la economía mundial, incluida China. Mis conversaciones, en mi conversación con el presidente Xi, le dije que aceptamos la competencia, que no buscamos el conflicto.

Pero dejé absolutamente claro que defenderé los intereses estadounidenses en todos los ámbitos. Estados Unidos se enfrentará a las prácticas comerciales desleales que perjudican a los trabajadores y a las industrias estadounidenses, como las subvenciones a las empresas estatales y el robo de tecnologías y propiedad intelectual estadounidenses.

También le dije al presidente Xi que mantendremos una fuerte presencia militar en el Indopacífico, al igual que hacemos con la OTAN en Europa, no para iniciar un conflicto, sino para prevenirlo.

Y le dije lo que he dicho a muchos líderes mundiales: que Estados Unidos no va a renunciar a su compromiso con los derechos humanos y las libertades fundamentales, ni a nuestras alianzas. Y le destaqué que ningún presidente estadounidense responsable puede permanecer en silencio cuando se violan tan abiertamente derechos humanos básicos. Un presidente, presidente estadounidense, tiene que representar la esencia de lo que nuestro país defiende.

Estados Unidos es una idea, la idea más única en la historia: Todos somos creados, todos, iguales. Es lo que somos. No podemos alejarnos de ese principio. Y, de hecho, decir “estamos tratando con la idea de Estados Unidos”.

En cuanto a Rusia, sé que a algunos les preocupa, dejé muy claro al [presidente ruso Vladimir] Putin que no buscamos la intensificación, pero que sus acciones tendrán consecuencias si resultan ser ciertas. Y resultaron ser ciertas. Y resultaron ser ciertas, por lo que respondí de forma directa y proporcionada a la injerencia de Rusia en nuestras elecciones y a los ciberataques a nuestro gobierno y empresas.

Ellos hicieron ambas cosas y les dije que respondería y lo hemos hecho. Pero también podemos cooperar cuando sea de interés mutuo. Lo hicimos cuando ampliamos el Nuevo Tratado START sobre armas nucleares, y estamos trabajando para hacerlo en la crisis climática. Pero él entiende que responderemos.

En cuanto a Irán y Corea del Norte, programas nucleares que presentan serias amenazas a la seguridad de Estados Unidos y la seguridad del mundo, trabajaremos estrechamente con nuestros aliados para abordar las amenazas que estos países representan por medio de la diplomacia así como de una firme disuasión. Y el liderazgo estadounidense significa poner fin a la guerra sin fin en Afganistán.

Tenemos, sin exagerar, la mayor fuerza de combate de la historia del mundo. Y soy el primer presidente en 40 años que sabe lo que significa haber tenido un hijo prestando servicio en una zona de guerra. Hoy tenemos miembros de los ejércitos que prestan servicio en la misma zona de guerra que sus padres lo hicieron. Tenemos militares en Afganistán que aún no habían nacido el 11 de septiembre.

La guerra en Afganistán, como recordamos por los debates que se realizaron aquí, nunca se concibió como una empresa multigeneracional de construcción de una nación. Fuimos a Afganistán para atrapar a los terroristas que nos atacaron el 11 de septiembre. Dijimos que seguiríamos a Osama bin Laden hasta las puertas del infierno. Si ustedes han estado en la parte superior del valle de Kunar, más o menos han visto las puertas del infierno.

Hicimos justicia con bin Laden. Degradamos la amenaza terrorista de Al Qaeda y Afganistán. Y después de 20 años de valía, valor y sacrificio, es hora de traer a esas tropas a casa.

Incluso cuando lo hagamos, mantendremos una capacidad visible para suprimir futuras amenazas a nuestro país. Pero no se equivoquen, en 20 años el terrorismo ha experimentado una metástasis. La amenaza ha evolucionado más allá de Afganistán. Aquellos de ustedes que pertenecen a comisiones de inteligencia, comunidades de relaciones internacionales, comunidades de defensa, lo saben bien. Tenemos que seguir vigilantes contra las amenazas a Estados Unidos, vengan de donde vengan. Al Qaeda e ISIS están en Yemen, Siria, Somalia y otros lugares de África y Oriente Medio y más allá.

Y nosotros no hemos de ignorar lo que nuestra agencia de inteligencia ha determinado que es la amenaza terrorista más letal hoy en el propio país: el terrorismo de la supremacía blanca.

Tampoco vamos a ignorar eso. Mis compatriotas estadounidenses, miren, nos hemos reunido para sanar el alma de esta nación. Hace casi un año, antes del entierro de su padre, cuando hablé con Gianna Floyd, la hija pequeña de George Floyd. Es una chiquilla y por ello me arrodillaba para hablar con ella para poder mirarla a los ojos. Ella me miró y me dijo: “mi papá cambió el mundo”.

Bueno, luego de la condena al asesino de George Floyd podemos ver cuánta razón tenía ella si es que, si es que tenemos el coraje de actuar como Congreso. Todos hemos visto la rodilla de la injusticia en el cuello de los negros estadounidenses. Ahora es nuestra oportunidad para lograr algunos progresos reales. La inmensa mayoría de hombres y mujeres que lucen el uniforme y la placa sirven a nuestras comunidades y las sirven honorablemente.

Yo los conozco. Yo sé que quieren ayudar a también aprovechar este momento. Mis compatriotas estadounidenses, tenemos que unirnos para restablecer la confianza entre los encargados del cumplimiento de la ley y las personas a las que sirven, para erradicar el racismo sistémico de nuestro sistema de justicia penal y aplicar una reforma policial en el nombre de George Floyd, que ya fue aprobada por la Cámara de Representantes. Sé que los Republicanos tienen sus propias ideas, y que están participando en un debate muy productivo con los Demócratas en el Senado. Tenemos que trabajar juntos para hallar un consenso, pero hagámoslo el mes próximo con ocasión del primer aniversario de la muerte de George Floyd.

El país apoya esta reforma y el Congreso debe actuar, debe actuar. Tenemos la enorme oportunidad de doblar el arco del universo moral hacia la justicia, la verdadera justicia. Y con los planes delineados esta noche tenemos la gran posibilidad de erradicar el racismo sistémico que es la plaga de Estados Unidos y de vidas estadounidenses de otras maneras.

La posibilidad de implantar la igualdad real, buenos empleos, viviendas asequibles, aire limpio, agua limpia, de poder generar riqueza y transferirla luego a otras generaciones porque uno tenga acceso a comprar una casa. Oportunidades reales en la vida de más estadounidenses, negros, blancos, latinos, estadounidenses de origen asiático,  estadounidenses indígenas.

Miren, también quiero agradecer al Senado de Estados Unidos por votar 94-1 para aprobar la Ley de delitos de odio COVID-19 para proteger a los estadounidenses de origen asiático e isleños del Pacífico. Ustedes actuaron con determinación.

Ustedes pueden ver por la televisión la brutalidad de los crímenes de odio, como hemos visto en el año transcurrido y por demasiado tiempo. Insto a la Cámara de Representantes y hacer lo mismo y a que envíen legislación a mi escritorio, que yo firmaré con agrado y entusiasmo. Espero también que el Congreso envíe a mi escritorio una Ley de igualdad para proteger a los estadounidenses LGBTQ.

A todos los estadounidenses transgénero que están viendo esto en su casa, en especial a la gente joven, que es tan valiente, quiero que sepan que su presidente les respalda. Otra cosa, autoricemos la Ley sobre la violencia contra la mujer, que ya es ley desde hace 27 años. Hace veintisiete años yo la redacté.

Cerraré; esa ley tiene que ser autorizada hoy, ha de cerrar  el resquicio legal del enamorado para mantener las armas lejos de los abusadores. Si la orden del tribunal dice “este es un abusador”, no puede tener un arma. Ha de cerrarse ese resquicio que había. Ustedes lo saben, se calcula que hasta 50 mujeres son tiroteadas y muertas por una pareja íntima, cada mes en Estados Unidos, 50 al mes.

Promulguémosla y salvemos algunas vidas. Y necesito, no necesito decírselo a nadie que la violencia de las armas de fuego se ha convertido en una epidemia en Estados Unidos. La bandera en la Casa Blanca estaba todavía ondeando a media asta por las ocho víctimas del tiroteo masivo en Georgia cuando otras diez vidas fueron arrebatadas en otro tiroteo en masa en Colorado.

Y en la semana entre esos dos acontecimientos 250 estadounidenses murieron a balazos en las calles de Estados Unidos. 250. Muertos a balazos. Yo sé cuán difícil es conseguir progreso en este asunto. En la década de 1990 aprobamos la revisión universal de antecedentes, la prohibición de los fusiles de asalto y los cargadores de alta capacidad que tienen cientos de proyectiles que pueden ser disparados en segundos. Derrotamos a la Asociación Nacional del Rifle (NRA). Las matanzas masivas y la violencia con las armas se redujeron.

Revisen los informes de hace diez años. Pero a principios del 2000 la ley expiró. Desde entonces hemos visto matanzas sangrientas diarias. No estoy diciendo que si la ley hubiera continuado no habríamos visto el derramamiento de sangre. Hace más de dos semanas en el Jardín de la Rosaleda, rodeado por algunas de las personas más valientes que yo conozca, los sobrevivientes y familias que perdieron seres queridos a causa de la violencia con armas de fuego, expliqué varias medidas del Departamento de Justicia que se están llevando a cabo para tener un efecto en esta epidemia.

Una de ellas es para prohibir las denominadas armas fantasmas. Estas armas son de fabricación casera con un equipo que incluye instrucciones sobre cómo elaborar el arma. Los componentes no tienen numeración de serie y no pueden ser rastreados cuando se encuentran en la escena de un crimen. Los compradores de estos equipos para hacer armas fantasmas no están obligados a someterse a ninguna revisión de antecedentes.

Cualquiera, sea un criminal o un terrorista, puede comprar este equipo y en cuestión de 30 minutos tener un arma letal, y nada más. Yo haré todo lo posible en mi poder para proteger al pueblo estadounidense de esta epidemia de violencia de las armas de fuego, pero también es el momento para que el Congreso actúe.

No quiero ser antagonista pero necesitamos que más senadores republicanos se sumen a la abrumadora mayoría de sus colegas demócratas y cierren los resquicios requeridos de las verificaciones de antecedentes  antes de comprar armas de fuego. Necesitamos la prohibición de los fusiles de asalto y de los cartuchos de alta capacidad. Y no me digan que no se puede hacer. Lo hicimos antes y funcionó.

Al hablar con los dueños de armas de fuego y con cazadores responsables ellos dirán que no hay justificación posible para tener cientos de disparos en un arma. Qué creen ¿que los ciervos caminan con chalecos salvavidas de poliamida? [risas] Ellos nos dirán que actualmente hay mucha gente que puede comprar un arma cuando no debiera tener la facilidad para hacerlo.

Esta clase de reformas razonables tienen apoyo abrumador del pueblo estadounidense, incluyendo a muchos propietarios de armas de fuego. El país respalda esta reforma y en esto, el Congreso debe actuar. Este no debe ser un tema rojo o azul y ninguna enmienda a la Constitución es absoluta. No se puede gritar “incendio” en un teatro repleto. Desde el principio mismo había algunas armas de las que los estadounidenses no podían ser dueños.

Ciertas personas no podían ser nunca dueñas de armas. No hemos de cambiar la Constitución. Estamos siendo razonables. Creo que este no es un tema demócrata o republicano. Creo que es un tema estadounidense. Y he aquí lo que además podemos hacer. La inmigración siempre ha sido esencial para Estados Unidos. Terminemos nuestra agotadora guerra respecto a la inmigración.

Durante más de 30 años, los políticos han hablado sobre la reforma de la inmigración y no hemos hecho nada al respecto. Es hora de arreglarlo. En el primer día de mi presidencia, cumplí mi compromiso y envié al Congreso de Estados Unidos un proyecto de ley integral de inmigración. Si creen que necesitamos una frontera segura, apruébenla, por que incluye mucho dinero para seguridad de alta tecnología en la frontera. Si creen en una vía de acceso a la ciudadanía, apruébenla. Hay más de 11 millones de personas indocumentadas, la gran mayoría se quedan después de que su visado haya expirado, apruébenla.

Podemos, si realmente quieren resolver el problema, les he enviado un proyecto de ley para que lo estudien. También tenemos que atacar la raíz del problema de por qué la gente huye, en particular a nuestra frontera sur desde Guatemala, Honduras, El Salvador. La violencia. La corrupción. Las pandillas. La inestabilidad política. El hambre. Los huracanes. Los terremotos, los desastres naturales. Cuando era presidente, mi presidente, cuando era vicepresidente, el presidente me pidió que me centrara en proporcionar la ayuda necesaria para abordar estas causas fundamentales de la migración.

Y ayudó a que las personas se quedaran en sus propios países en lugar de verse obligados a marcharse. El plan funcionaba, pero la última administración decidió que no valía la pena. Voy a restaurar el programa y he pedido a la vicepresidenta [Kamala] Harris que dirija nuestros esfuerzos diplomáticos para hacerse cargo de esto. Tengo absoluta confianza en que ella hará el trabajo.

Ahora bien, si no les gusta mi plan, al menos aprobemos lo que acordamos. El Congreso tiene que aprobar una legislación este año para asegurar finalmente la protección de los “soñadores” (Dreamers), los jóvenes que solo han conocido Estados Unidos como su hogar. Y protecciones permanentes para los inmigrantes que están aquí con estatus de protección temporal que provienen de países acosados por la violencia y los desastres provocados por el hombre y la naturaleza.

Así como una ruta hacia la ciudadanía para los trabajadores agrícolas que ponen alimentos en nuestras mesas. Miren, los inmigrantes han hecho mucho por Estados Unidos durante la pandemia, y a lo largo de nuestra historia. El país apoya la reforma migratoria. Debemos actuar, discutamos al respecto, debatamos al respecto, pero actuemos. Y si verdaderamente queremos restaurar, queremos restaurar el alma de Estados Unidos, tenemos que proteger el sagrado derecho a votar.

Más personas votaron en la pasada elección presidencial que nunca antes en ningún momento de la historia de Estados Unidos, en medio de la peor pandemia nunca antes vista. Debe ser algo para celebrar. Sin embargo, está siendo atacado. El Congreso debe aprobar la Ley HR-1 y la Ley John Lewis de derecho al voto y enviarla de inmediato a mi escritorio.

El país lo apoya y el Congreso debe actuar ahora [aplauso]. Miren, en conclusión, cuando estamos congregados aquí esta noche, las imágenes de una turba violenta atacando este Capitolio, profanando nuestra democracia es algo que permanece vivo en nuestras mentes. Se arriesgaron vidas, muchas de sus vidas. Se perdieron vidas.

Se convocó un coraje extraordinario. La insurrección fue una crisis existencial, una prueba para ver si nuestra democracia podía sobrevivir, y lo hizo. Pero la lucha está lejos de haber terminado. La cuestión de si nuestra democracia perdurará mucho tiempo es tan antigua como urgente. Tan antigua como nuestra República. Todavía es vital hoy en día.

¿Puede nuestra democracia cumplir su promesa de que todos nosotros, creados iguales a imagen y semejanza de Dios, tengamos la oportunidad de llevar una vida digna, respetuosa y con posibilidades? ¿Puede nuestra democracia satisfacer las necesidades más apremiantes de nuestro pueblo? ¿Puede nuestra democracia superar las mentiras, la ira, el odio y los temores que nos han separado? Los adversarios de Estados Unidos, los autócratas del mundo, apuestan que no puede. Les prometo que están apostando a que no podemos.

Creen que estamos demasiado llenos de ira, división y rabia. Miran las imágenes de la turba que asaltó este Capitolio como prueba de que el sol se está poniendo en la democracia estadounidense. Pero están equivocados. Ustedes lo saben. Yo lo sé. Y tenemos que demostrar que se equivocan. Tenemos que demostrar que la democracia aún funciona. Que nuestro gobierno aún funciona y puede cumplir con el pueblo.

En nuestros primeros 100 días juntos, hemos actuado para restaurar la fe del pueblo en que nuestra democracia cumpla. Estamos vacunando a la nación, estamos creando cientos de miles de puestos de trabajo, estamos dando resultados reales para la gente. Lo pueden ver, sentirlo en sus propias vidas, abriendo puertas a la oportunidad, garantizando algo más cabal y justo. Esa es la esencia de Estados Unidos. Esa es la democracia en acción. Nuestra Constitución se abre con las palabras, aunque suenen muy utilizadas: “Nosotros el pueblo”.

Bien, es el momento de recordar que nosotros, el pueblo, somos el gobierno. Usted y yo. No alguna fuerza en una capital distante. No alguna fuerza poderosa sobre la que no tengamos ningún control. ¡Somos nosotros! Somos nosotros el pueblo. En otra era cuando nuestra democracia fue puesta a prueba Franklin Roosevelt nos recordó que, en Estados Unidos, nosotros hacemos nuestra parte, todos nosotros hacemos nuestra parte. Es todo lo que estoy pidiendo. Que hagamos nuestra parte, todos nosotros. Y si lo hacemos enfrentaremos el desafío central de esta era al demostrar que la democracia es duradera y fuerte.

Los autócratas no ganarán el futuro, nosotros lo haremos. Estados Unidos lo hará. Y el futuro pertenece a Estados Unidos. Cuando estoy aquí esta noche ante ustedes, en una hora nueva y vital para la vida y la democracia de nuestra nación, puedo decir con absoluta confianza que nunca antes me he sentido más confiado y optimista sobre Estados Unidos, y no porque sea el presidente. Sino por lo que está ocurriendo con el pueblo estadounidense.

Hemos visto el abismo de la insurrección y la autocracia, la pandemia y el dolor. Y “Nosotros, el Pueblo”, no vacilamos. En el mismo momento en que nuestros adversarios estaban convencidos que nos quebraríamos y caeríamos, fue que nos agrupamos. Nos unimos. Con luz y esperanza convocamos una nueva fuerza, nueva determinación para posicionarnos para ganar la competencia del siglo XXI.

Vamos en nuestro camino hacia una unión más perfecta, más próspera y más justa  como un solo pueblo, una nación y un Estados Unidos. Amigos, como les dije a todos los líderes mundiales que he conocido durante años, nunca jamás, nunca jamás ha sido una buena apuesta el ir contra Estados Unidos, y todavía no lo es.

Nosotros somos los Estados Unidos de América.

No hay una sola cosa, nada, nada, que esté fuera de nuestro alcance. Y podemos hacer todo lo que nos propongamos si es que lo hacemos juntos. Así que comencemos a agruparnos.

Que Dios los bendiga a todos y que Dios proteja a nuestras tropas. Gracias por su paciencia.

22:12 horas (hora de Washington D.C.)

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